La Noticia:
La Ciudad de México se convirtió en la primera entidad de Latinoamérica en permitir las bodas entre personas del mismo sexo y darle a esas parejas el derecho de adoptar hijos… La Asamblea Legislativa del Distrito Federal avaló la reforma al Código Civil para establecer que el matrimonio es la unión entre dos personas, sin especificar que éstas deben de ser un hombre y una mujer… Decenas de representantes de organizaciones civiles de la comunidad gay se levantaron de los asientos desde los que observaron la sesión en la gradería y extendieron banderas de la diversidad entre gritos de "¡sí se pudo, sí se pudo!"… (reforma.com)
Comentario:
Si bien el principal argumento para avalar los matrimonios homosexuales es la libertad de selección de pareja y la tolerancia, en el caso de México, el asunto podría caer más bien en el ámbito de la política (una lucha entre una izquierda alicaída de oposición y una derecha en el poder) donde la bandera de la tolerancia le permitiría a la izquierda sumar los votos necesarios para incrementar su participación nacional y como mínimo, mantener su poder en la capital del país.
Polarizada como un conflicto político, se desvanece la posibilidad de debatir los diferentes ángulos implicados en la decisión, ya que cada ciudadano está aleccionado a respetar el voto de los demás. Si se pudiera separar de la política, se podría intentar argumentar con aquellos que apoyan la medida. Al menos con quienes respetan a la Biblia como fuente de sabiduría.
Existen tres aspectos que se pueden considerar.
1. ¿Por qué se debe rechazar el homosexualismo?
No se trata de buscar equilibrar las opiniones de políticos, intelectuales, artistas o celebridades, sino buscar qué dice la Biblia sobre el homosexualismo.
La Biblia no deja lugar a dudas. El homosexualismo es una abominación para Dios, un hecho vergonzoso:
¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones (1Corintios 6:9)
No te echarás con varón como con mujer; es abominación. (Levítico 18:22)
Y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen. (Romanos 1:27-28)
2. ¿Qué dice la Biblia sobre el matrimonio?
Dios no deja la puerta abierta para que la definición de matrimonio pueda ser ajustada según los tiempos. La Biblia aclara el género al hablar del matrimonio: hombre o varón y mujer o hembra. Nótese que no se usaron términos nebulosos como “pareja,” “compañero,” o “persona significante.” Dios no buscó ser políticamente correcto en su lenguaje, sino simplemente “correcto.”
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
(Génesis 1:27)
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24)
Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. (1Pedro 3:7)
3. ¿Por qué debe rechazarse la adopción entre homosexuales?
Si en Levítico 18:22 (ver cita en punto 1) el homosexualismo se califica como abominación y en Romanos 1:28 (véase cita en punto 1), se menciona como parte de una mente reprobada, ¿cómo puede permitirse que los hijos adoptados sean enseñados sobre el tema como si fuera algo normal? Si alguien reprueba un curso, ¿no debería prohibírsele ser tutor sobre el tema?
Todo el capítulo 1 de Romanos deja entender que el homosexualismo nace del rechazo de Dios. Ese es quizás el problema. Nuestra sociedad se está alejando tanto de Dios, que empieza a ver con buenos ojos prácticas y costumbres que Dios rechazaría.
Ahora bien, seamos cuidadosos, porque quienes apoyan el matrimonio homosexual de inmediato tachan de intolerantes a quienes se oponen a la idea. Debemos dejar bien en claro que Dios ama a toda persona, eso es innegable, pero rechaza prácticas “vergonzosas”. Dios ama a los homosexuales, pero desea que se arrepientan y se acerquen a Él. Asimismo, nosotros debemos tolerar y aceptar a las personas, más no las actitudes reprobadas por Dios.