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domingo, marzo 15, 2015

Contra Corriente

Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia (1 Pedro 1:14).

¿Le ha tocado presenciar cómo un río arrastra las cosas a su paso? Se requiere una gran energía para que algo vaya contra la corriente. Por ejemplo, los salmones viajan contra corriente para llegar al lugar donde se reproducirán. Claro que lo hacen a gran costo y corriendo incontables riesgos.

El cristiano es como un salmón viajando a contra corriente del río de la vida. Las modas, los compañeros, los familiares no cristianos, están constantemente influyendo sobre él para que viaje con la corriente. Por ejemplo, la corriente natural es que los compañeros de escuela presionen a los cristianos a beber alcohol, a tener sexo, a jugar en forma violenta, a hacer trampa en los exámenes y tareas, etc. Si un joven cristiano intenta oponerse y buscar ir contra la corriente, es tildado de aburrido, mojigato o aguafiestas.

Ciertamente es difícil ir contra la corriente porque nadie quiere ser un mojigato o aguafiestas, ¿cierto? Entonces, ¿qué puede hacer el joven que busca ir contra corriente? El salmón lo logra porque tiene impreso en su cerebro una misión muy importante que lo motiva. De igual forma, los cristianos deben identificar que la misión es “ser santo” (“Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó,” 1 Pedro 1:15) y con la ayuda de Dios conseguirán ir contra la corriente de este mundo.

¿Es difícil? Por supuesto, pero ¿qué mérito existe en dejarse llevar por la corriente? Lo hacíamos antes de conocer a Jesús. Ahora la misión, si decidimos aceptarla, es… “ser santo.”

viernes, agosto 03, 2007

Pierde Licencia Ex Campeón de Fórmula Uno

La Noticia:
El brasileño ex tricampeón mundial de Fórmula Uno Nelson Piquet comenzó este lunes a tomar un curso de educación vial, luego de que se le revocara su licencia de conducir por acumular demasiadas infracciones de tránsito… La prensa local reportó que Piquet, uno de los tres brasileños que han logrado ganar el campeonato mundial de Fórmula Uno, perdió su licencia en junio tras recibir una enorme cantidad de infracciones por exceso de velocidad y mal estacionamiento… También fue revocada la licencia de su esposa Viviane, quien se unió a Piquet en el curso de educación vial… El matrimonio Piquet, cuyo hijo Nelson, de 21 años es piloto de pruebas en la escudería Renault de Fórmula Uno, deberá asistir a 30 horas de clases durante ocho días y pasar un examen antes de recuperar sus licencias… Piquet es uno de los más conocidos pilotos surgidos de Brasil y se coronó campeón de la máxima categoría del automovilismo mundial en 1981, 1983 y 1987. (reforma.com)

Comentario:
Supongo que muchos soñamos en conducir uno de esos autos de F1 a toda velocidad, claro, antes de darnos cuenta que en la realidad, un camión repartidor de refrescos bloqueará nuestro camino y que si lo intentamos rebasar, aparecerá la mamá de la vecina al volante conduciendo por el carril de alta a 50 kph.

En las carreras, si se requieren neumáticos nuevos, el piloto se acerca a la zona de refacciones donde un equipo de técnicos cambiará los cuatro en 20 segundos. En la realidad, si requerimos cambiar uno sólo de los neumáticos, ¿qué ocurre?: Nos estacionamos, abrimos la cajuela, sacamos todas las chácharas que nos estorban (incluyendo la bola de boliche, una hielera aún con restos de comida, etc.) y las ponemos por un ladito, buscamos el gato y nos damos cuenta que le falta la barra para hacer palanca. Inútil discutir con el cónyuge quién la sacó para partir nueces sin regresarla a su lugar. Mientras pensamos en un sustituto, sacamos la llanta de refacción y percibimos que le falta aire… En fin, cada quien tiene su historia, pero los veinte segundos se transforman en una hora si es que tenemos la creatividad suficiente para superar los problemas. Sin contar con que olvidaremos la bola de boliche a un lado del camino.

Claro que es tentador vivir en ese mundo especial donde el conductor es rey, pero lo cierto es que vivimos en ciudades diseñadas para muchísimos menos autos de los que realmente circulan y que debemos atenernos a las reglas, que de ser seguidas por todos, permitirían una mejor fluidez en la circulación y en la localización de espacios para estacionarse.

Ni los tres campeonatos de este señor le dan la potestad de saltarse las reglas, ni deberían hacerlo puestos políticos, influencias personales o nombres famosos. Todos debemos obedecer los reglamentos de tránsito.

Lo que dice la Biblia:
Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra (Tito 3:1)

Cuando se escribió la Biblia no existían los autos (de haber sido así, sospecho que Pablo hubiera escrito mínimo dos Epístolas más), pero el mandato es simple: sujetarnos a las autoridades. Por favor, no sea de los que se transforman al conducir un vehículo, recuerde que la gracia de Jesús es capaz de alcanzar aún a esos conductores que dan vuelta a la izquierda repentinamente en lugares prohibidos. Ore por ellos.

martes, abril 10, 2007

Honor

La palabra honor se deriva del latín honoro que significaba respetar, decorar u ornamentar. Hoy en día muchos países del mundo otorgan condecoraciones a ciudadanos destacados a quienes desean honrar. Según el diccionario, honrar tiene cuatro acepciones: 1) gran respeto, estima que se muestra a otro; 2) nobleza de mente, rectitud; 3) dignidad, especialmente que se otorga a los altos rangos; 4) cortesía social.

Consideremos primero que honor es respetar a quienes están en liderazgo porque representan a autoridades más altas. Uno demuestra respeto en la manera en que responde a las instrucciones recibidas. El concepto de honor está por tanto asociado al de autoridad, porque de una forma u otra, todo mundo se encuentra bajo autoridad y muchos tienen a otros bajo su autoridad.

Un militar cuando se cruza con alguien de rango superior, inmediatamente se pone en atención y saluda, lo conozca o no. Hace esto, independientemente de qué tanto le simpatice dicho superior. ¿Por qué? Porque está respetando las reglas de la institución a la cual pertenecen ambos: el ejército. Y aún más allá, está respetando la Constitución de su país que instauró al ejército con un propósito y misión determinados.

Asimismo, respetar a nuestros jefes inmediatos en el trabajo involucra respetar más que a una persona, a la empresa que nos contrató, a sus fundadores, a la economía en que se encuentra inmersa, al país de la que forma parte y últimamente, a Dios que nos pide mostrar los valores que Jesús ejemplificó.

La Biblia dice en 1 Pedro 2:18-22:
Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Lo que merece aprobación es que alguien, a causa de la conciencia delante de Dios, sufra molestias padeciendo injustamente, pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente.

Hoy en día quizá no tengamos que soportar bofetones de nuestros empleadores, pero es probable que si existan abusos verbales, amenazas de despido, juegos de lealtades y traiciones, etc. Aquí Pedro nos indica en lenguaje de la época que dejemos de murmurar y quejarnos cuando nos asignan trabajos más allá de lo debido. Y esto sin importar si nuestro jefe merece o no respeto. De hecho, el jefe “perfecto” es una figura utópica. Luego de un par de semana bajo las órdenes de alguien, todos los empleados le descubren defectos a sus jefes. Pero también lo consideró Pedro en el anterior pasaje al indicar que “no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.” Si alguien renuncia a un empleo porque el jefe es malo, abusivo, de mal carácter, pedante, o adjetivos similares, pronto descubrirá nuevos adjetivos negativos en su nuevo empleador. El problema no está en el empleador, sino en cómo respondemos nosotros.

¿Qué ocurre cuando la persona en autoridad hace un mal uso de ella? Ciertamente pueden existir empleadores que aparte de mal carácter exhiban comportamiento poco ético, engañen a los clientes, defrauden a las autoridades, eludan los impuestos, etc. Aquí debemos hacer una distinción: son dos cosas diferentes honrar a las autoridades imperfectas y honrar a las imperfecciones de la autoridad. Se aclaró arriba que no existe la autoridad “perfecta” y aún así debemos respetarla. Lo que no debemos hacer es respetar las imperfecciones de ella, esto es, aceptar e imitar el engaño, adoptar la falta de ética como forma de trabajo y excusarnos en el argumento “todos lo hacen así en la empresa”. Debemos actuar en todo momento con honestidad y en congruencia con los valores cristianos. Si nos piden mentir a algún cliente o proveedor, debemos negarnos aclarando que nuestra prioridad es servir a Dios y que realizaremos con gusto cualquier actividad que no vaya en contra de la Palabra de Dios. Debemos honrar primero a Dios.

Sin embargo, en tanto que no se comprometa la honra de Dios, debemos obedecer. Ahora bien, el honor es ir por encima y más allá de lo que exige el deber. A ningún militar le dan una medalla de honor sólo porque obedeció órdenes. Eso es lo que se espera de cualquier soldado en primer lugar. Se reciben medallas por realizar algo extraordinario. Los trabajadores que no están en la guerra, ¿cómo pueden recibir medallas? Lo harán, no necesariamente materiales, entendiendo la misión de la empresa para la cual trabajan y realizando algo extra a favor de la misma. En vez de preguntarse ¿qué tengo que hacer?, preguntarse, ¿qué puedo hacer, qué más puedo hacer? Y, por supuesto, hacerlo, ponerse en acción.

Honor también es otorgar dignidad a quien lo merece. Calvin Coolidge dijo alguna vez: “Ninguna persona fue honrada por lo que ella recibió. El honor es el premio por lo que dio.” El honor se obtiene de muchas maneras.

En el ambiente familiar, los padres merecen el honor por haber cuidado a los hijos. En Éxodo 20:12 dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.” Respetando y obedeciendo cuando estamos sujetos a ellos es una forma de honrarlos, en cuyo caso aplican los principios establecidos antes para quienes están bajo autoridad.

Si ya tenemos nuestra propia familia, existen nuevas formas de honrar a los mayores:

1) Deferir a las preferencias de una persona mayor. En tanto sea posible, respetar las preferencias de los mayores y, aún mejor, anticipar dichas preferencias.
2) Visitarlos con cierta frecuencia, llamarlos y mantenerlos al tanto de lo que ocurre en nuestras vidas, sin importar que estemos pasando por situaciones difíciles. Ellos podrían ser fuente invaluable de consejos si sabemos escuchar.
3) Dar gracias por lo que hicieron en nuestras vidas. Siempre será posible encontrar algún motivo de agradecimiento. Hagámoslo audible.
4) Recordar las fechas importantes en la vida de nuestros mayores. Ellos se sentirán felices de que las compartamos y que les hagamos sentir que también son importantes para nosotros.

Pero Jehová respondió a Samuel:
—No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón
(1 Samuel 16:7)

En el ambiente social debemos honrar el carácter de los demás, sin dejarnos guiar por la raza, condición social u otra señal externa. Es difícil porque siempre tendemos a ver lo negativo en los demás antes que lo positivo y a ver lo externo antes que lo interno. Pero debemos recordar que Dios “mira el corazón”.

Finalmente, si nos toca tener a personas bajo nuestra autoridad, no olvidemos fijar el ejemplo. Respetemos a nuestros superiores (jefes, gobierno e incluso Dios) para poder pedir respeto a nuestros subordinados. Si bien no es una condición, un buen ejemplo facilita las relaciones de autoridad.