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viernes, junio 08, 2018

Radiantes


Radiantes están los que a Él acuden; jamás su rostro se cubre de vergüenza… (Salmos 34:5).

Comencemos por la definición en el diccionario de la Real Academia Española. Radiante: adj. Brillante, resplandeciente, que siente y manifiesta gozo o alegría grandes. Si luego de leer la definición y volver a leer el versículo no siente un orgullo especial por Dios, algo marcha mal en sus emociones. ¿No le emociona un atardecer de mil colores? ¿No le entusiasma presenciar una luna llena en medio de una noche estrellada?

Imagine una luna llena. ¿No le parece que la palabra radiante puede describirla? Y, sin embargo, la luna no posee luz propia, sólo refleja la luz del sol si se encuentra en el ángulo adecuado. Sin duda a eso se refiere la cita: Radiantes están los que a Él acuden…

Nadie tiene luz propia, sólo si nos ponemos en las manos de Dios podemos brillar. Verifíquelo a su alrededor. Están los que ponen su confianza en el esfuerzo de sus manos para lograr fama, riqueza y poder. Aún cuando consigan lo anterior, ¿cómo pueden estar radiantes si le dan la espalda a Dios? Están en el ángulo equivocado.

Están los que caen en fornicación, adulterio, o pornografía, supuestamente para obtener placer, pero lo único que obtienen es un rostro sombrío atormentado por la culpa. ¿Cómo pueden estar radiantes si hacen lo que le incomoda a Dios? La segunda parte de la cita dice: …jamás su rostro se cubre de vergüenza.

¿Cómo entonces estar radiante? Lo dice el versículo. Y es tan fácil que asombra que mucha gente no lo intente… Acudir a Él.

sábado, abril 14, 2018

“Que exista la luz”

Y dijo Dios: “¡Que exista la luz!” Y la luz llegó a existir (Génesis 1:3).

El tercer versículo de la Biblia es famoso por un par de situaciones. Antes que nada, es la primera vez que se registra la voz de Dios. “¡Que exista la luz!” es lo primero que dijo, no precisamente a la humanidad, porque aún no existía, pero tal vez lo dijo con ella en la mente para la posteridad. Otra cosa interesante del versículo es que la luz de la que habló Dios no fue luz solar. El sol fue creado hasta el cuarto día. Entonces, ¿de qué luz estaba hablando Dios?

Para el pastor James Ryle es claro: Dios es luz y con esta acción estaba permitiendo su visibilidad. Iba a permitir un entorno en el cual Él se pudiera percibir. No necesitaba al sol o a las estrellas para existir. Al contrario. Al crear la luz en el primer día, quedó manifiesta su naturaleza. ¿Y cuál es su naturaleza? Amor.

En los siguientes días Dios manifestó su amor. Creó las condiciones para que el hombre pudiera existir en un pequeño hogar llamado Tierra en un entorno (sistema solar, galaxia, clúster, universo) impresionante. Imagínese construyendo un pequeño acuario para su pececito de colores. Pero lo ama tanto que además le construye, no solo una habitación donde ubicar el acuario, sino un edificio, un vecindario, un país, un continente, diseñados específicamente para que las condiciones del acuario sean perfectas para el desarrollo de su pequeño pez.

El pastor Ryle concluye diciendo: “Su deseo (de Dios) es que veamos (percibamos, entendamos, y para eso es la luz) una revelación de Su amor en todo lo que Él ha hecho, en todo lo que Él dice y en todo lo que Él hace.” Sin luz, olvidemos al sol, no podemos.

Dios es amor (literalmente) y Dios es luz (metafóricamente).

miércoles, abril 30, 2014

Lámpara Encendida

Lo que dice la Biblia:
Juan era una lámpara encendida y brillante, y ustedes decidieron disfrutar de su luz por algún tiempo (Juan 5:35).

Son palabras de Jesús acerca de Juan el Bautista, reconociéndole, e incluso agradeciéndole, por su labor. Imaginémonos que un día, Jesús pudiera decir lo mismo de nosotros. Que Él dijera: “_______ (ponga aquí su nombre) era una lámpara encendida y brillante.” ¿No sería grandioso? ¿Quién no quisiera recibir semejante elogio del mismísimo Jesús?

Ahora bien, para alumbrar, una lámpara consume energía. En los tiempos de Jesús, seguramente se estaba hablando de una lámpara de combustible, de una antorcha, o incluso de una vela. Pero aún una lámpara moderna consume la batería, más rápidamente mientras más intensa sea la luz. El punto es el siguiente: no podemos alumbrar sin pagar un precio. El reverendo Leonard Ravenhill dijo: “El costo de alumbrar es quemarse.” Y en Jeremías 23:29 leemos: “¿No es acaso mi palabra como fuego, y como martillo que pulveriza la roca? afirma el Señor.”

En la medida que dejemos que la Palabra de Dios penetre en nuestros corazones, estamos permitiendo que todo lo vano y superficial (la madera, la paja) se queme y sólo quede lo resistente, lo perdurable, lo que tiene valor eterno, en nosotros. Una vez que Dios nos quema, los gustos mundanos del pasado (reuniones para beber y fumar, promiscuidad sexual, vulgaridades, chismorreo, etc.) se desvanecen y nos inundamos de placer por buscar la verdad, el amor y la justicia. En ese momento comenzaremos a alumbrar.


¿Desea que Jesús lo reconozca como una lámpara encendida y brillante? ¡Apresúrese a quemar lo superfluo que hay en usted con el fuego de la Palabra!

martes, marzo 18, 2014

Somos la Luz

Lo que dice la Biblia:
Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo (Mateo 5:16).

Palabras de Jesús a sus seguidores. Esto es, a nosotros. Antes Jesús dijo que somos la sal y que debemos sazonar con Su gracia y su Palabra a quienes nos rodean. Ahora dice que somos la luz. Debemos iluminar el camino que lleva a Él. ¿Cómo podemos iluminar el camino? Sería la reflexión. El versículo dice que con buenas obras.

Primero debemos dejar en claro que no se hacen buenas obras para alcanzar la salvación. Esta es por gracia y gratis. Entonces, como seguidores de Cristo, porque ya le conocimos y le estamos escuchando, deseamos hacer buenas obras. Ahora bien, no piense que buenas obras se limitan a alimentar huérfanos, visitar enfermos o llevar el mensaje a las prisiones. Hay muchas cosas que podemos hacer en la vida diaria para iluminar nuestro alrededor, muchas veces sin necesidad de gastar dinero o incluso dedicar tiempo especial.

Podemos sonreír todo el día, todos los días. Después de todo, debemos estar agradecidos por la vida terrenal y la eterna por añadidura. Podemos hacer nuestro trabajo diario con entusiasmo y buen humor. Podemos contagiar la alegría en nuestros centros de trabajo. Podemos relacionarnos con nuestros vecinos, compañeros de trabajo o familiares con una actitud que irradie un profundo amor a Dios. Podemos abstenernos de involucrarnos en conversaciones profanas o chismes. Podemos abogar para que exista armonía a nuestro alrededor. Etc.

Si puede donar una cantidad importante de dinero a una caridad, adelante, pero el punto es que podemos ser luz en pequeñas dosis diarias con nuestra actitud y acciones. Recuerde que lo importante es que nuestro comportamiento haga que quien nos observe alabe a Dios.