La Noticia:
Una publicación de WikiLeaks tuvo por primera vez grandes consecuencias en Alemania al llevar al despido de un alto gerente… Berry Smutny, miembro de la directiva de OHB-System, una empresa fabricante de satélites en Bremen, fue despedido por dichos que afectan a la propia empresa, de acuerdo con la información revelada… Esta es la primera vez que la información desvelada por los cables de WikiLeaks tiene un efecto entre grandes empresarios… Según estos cables, dados a conocer por el diario noruego Aftenposten, Smutny se habría encontrado con diplomáticos estadounidenses en Berlín y calificado al sistema Galileo como una idea estúpida... Smutny habría dicho que el sistema saldrá casi dos mil millones de euros más caro que lo planeado, un enorme gasto de los impuestos de los ciudadanos… Galileo es un sistema satelital de navegación que construye la Unión Europea y la Agencia Europea Espacial… (reforma.com)
Comentario:
Antes de comenzar la parte seria, permítanme conjeturar sobre un hipotético WikiPibs (Wiki = Lo que signifique, Pibs = Personajes Importantes BíblicoS).
1. Revela documento que el Rey David solicitó que abandonaran a su suerte al soldado Urías. Poco tiempo después desposó a la viuda.
2. Según fuentes que desean permanecer anónimas, el Rey de Asiria, Senaquerib, fue asesinado mientras adoraba a su Dios. Lo más impactante es que fue abatido por dos de sus propios hijos, quienes se encuentran desaparecidos desde entonces.
¿No sería más valioso profundizar y analizar la vida de los personajes bíblicos, que ser parte de indiscreciones actuales?
WikiLeaks, el sitio de Internet famoso por difundir información confidencial, ha dado un paso más. No contento con hacer sufrir al gobierno de los Estados Unidos al revelar cables diplomáticos secretos, ahora tiene un impacto relevante en el mundo empresarial. El argumento entre los promotores de WikiLeaks es que el acceso a información confidencial entre el público en general, hace que los gobiernos piensen dos veces antes de decir o hacer tal o cual cosa. Si ese fuera el único argumento en el debate, tal vez tendrían razón, pero quizás no están contemplando todo el panorama. Cuando alguien acepta un empleo, acepta mantener en secreto aquello que la empresa considera puede ser perjudicial que se conozca. Existe deshonestidad en un empleado que filtra tal información de su empresa, o incluso, ex empresa, y por ende, en quien, en complicidad, la hace accesible al mundo.
Entonces, no se trata de un debate acerca de la conveniencia o no de publicar información, se trata, si no de un delito flagrante, como mínimo de deshonestidad compartida. Es definitivamente una falta de ética violentar la prerrogativa de un gobierno o empresa a reservarse información.
Así, WikiLeaks incurre en al menos dos faltas:
1. Falta de respeto a la autoridad. Si un gobierno (de hecho aplicaría incluso al nivel personal), decide mantener en secreto algunas conversaciones entre funcionarios de primer nivel, es un desacato ir en su contra.
2. Chisme. Según el diccionario de la Real Academia, chisme es: Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna. Aún cuando sea verdadero, el chisme es malintencionado.
Lo que dice la Biblia:
Las palabras del chismoso son como bocados suaves y penetran hasta las entrañas (Proverbios 18:8).
El que anda en chismes descubre el secreto; más el de espíritu fiel lo guarda todo (Proverbios 11:13).
Sin leña se apaga el fuego y donde no hay chismoso, cesa la contienda (Proverbios 26:20).
El chisme genera contienda, la contienda arruina la paz. ¿En qué medida nos convendría saber todo lo que la gente ha hablado de nosotros? Dado que nadie es perfecto, no todo va a ser positivo. Ciertamente si somos humildes y somos capaces de asimilar lo expresado para no repetir errores, o para mejorar nuestra actitud, podríamos evitar que nuestra paz interior se arruine, pero si la forma de enterarnos es a través de terceros, realmente va a ser difícil evitar pleitos, resentimiento, o amargura.
Conclusión:
El fundador de WikiLeaks se volvió famoso a nivel mundial gracias a su sitio, pero mucha gente lo desea callar y aprovechará cualquier pequeño error que tenga para exhibirlo públicamente. Ya le ocurrió con un aspecto de su intimidad y lo más probable es que no hayan acabado ahí sus problemas. Ya lo dice la Biblia:
El que guarda su boca guarda su alma; más el que mucho abre sus labios tendrá calamidad (Proverbios 13:3). O en la versión NVI: El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina (Proverbios 13:3).
"Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones."
Jeremías 1:5
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lunes, febrero 28, 2011
lunes, noviembre 19, 2007
Atención
¿Le ha ocurrido que cuando está tratando de dar instrucciones a su hijo, este parece ensimismado en su música, la TV o su lectura? ¿Quizá le ha ocurrido con amigos, compañeros de trabajo, estudiantes, o incluso subordinados? ¿No? ¡Felicidades! Parece estar rodeado de personas atentas. ¿Si? Sepa que no está solo. En cualquier caso, quizá le convenga seguir leyendo sobre la Atención.
Según el diccionario, atención tiene tres acepciones cercanas entre si. 1: Estado de ser observador y cuidadoso con lo que se hace. 2: Estar atento a la comodidad de los demás. 3: Demostrar cortesía a los demás.
Supongo que no le pediría a su hijo de dos años que se lleve a la cocina una charola llena de vasos de vidrio. Evidente. ¿Cierto? A esa edad, el niño no es capaz de ser cuidadoso con lo que hace. Pero, ¿cómo explicamos que haya adultos que no se estacionan para contestar el celular? ¿Amas de casa que dejan las hornillas encendidas mientras van por los hijos? ¿Jóvenes con algunas copas que toman el volante porque se sienten “bien”? La mayoría de los accidentes automovilísticos y en el hogar son por descuidos. Y esto debería bastar para llamar la atención sobre el significado y aplicación del concepto Atención, pero es importante también considerar su aplicación en relación con las personas que nos rodean.
Es cuando nos relacionamos con la gente que se pone a prueba nuestra capacidad para tener atención. El primer aspecto es saber escuchar. ¿Sabemos? ¿Nos concentramos en las palabras que salen de nuestro interlocutor? ¿O estamos tan ocupados con nuestro propio discurso que realmente no comprendemos la postura de la otra parte, que por cierto queda frustrada?
La Biblia dice que escuchar y hablar poco es de sabios.
Escucha, hijo mío, y sé sabio: endereza tu corazón al buen camino. (Proverbios 23:19)
En las muchas palabras no falta pecado; el que refrena sus labios es prudente. (Proverbios 10:19)
Prestemos atención a quien se dirige a nosotros, sin prejuicios. Escuchemos al cien por ciento, mostrando que entendemos y después expongamos nuestra postura, la cual tendrá más solidez (por haberse formado después de toda la exposición de nuestro interlocutor) y mejor aceptación (por la buena voluntad que cosecharemos al haber escuchado atentamente). Respeto genera respeto.
Otro aspecto de la atención es saber concentrarnos en lo que hacemos. Es falso que las personas puedan concentrarse en más de una actividad al mismo tiempo. Podrán realizar dos o más cosas simultáneamente (la mamá que cocina y ayuda con la tarea, el papá que conduce y habla por el celular, etc.) pero sólo una está captando su atención en un momento determinado, mientras que la otra, u otras, están en piloto automático. Cierto que se puede saltar entre una y otra, más o menos rápidamente, pero en ese caso ninguna está atrayendo la concentración total.
El punto importante aquí, no es tanto el recomendar que se debe concluir una actividad antes de iniciar otra (después de todo, existen cosas que podemos hacer con un mínimo de atención), sino comprender que si existe algo que vale la pena realizar (atender al conferencista, las conversaciones, leer este artículo, etc.), algo que implique riesgos (conducir, trabajo con herramientas, usar fuego, etc.), o algo que es nuestra responsabilidad (estudio, trabajo) deberíamos comprender que merece dedicarle nuestra concentración total.
Finalmente, y quizás lo más importante, deberíamos saber poner atención a nuestra relación con Dios. Nuestra vida y la de aquellos que nos rodean mejorarían, puede tener implicaciones eternas y nos infundirá aliento, propósito y motivación en nuestro diario andar. Leamos con atención la Palabra y concentrémonos en aplicar sus principios.
Según el diccionario, atención tiene tres acepciones cercanas entre si. 1: Estado de ser observador y cuidadoso con lo que se hace. 2: Estar atento a la comodidad de los demás. 3: Demostrar cortesía a los demás.
Supongo que no le pediría a su hijo de dos años que se lleve a la cocina una charola llena de vasos de vidrio. Evidente. ¿Cierto? A esa edad, el niño no es capaz de ser cuidadoso con lo que hace. Pero, ¿cómo explicamos que haya adultos que no se estacionan para contestar el celular? ¿Amas de casa que dejan las hornillas encendidas mientras van por los hijos? ¿Jóvenes con algunas copas que toman el volante porque se sienten “bien”? La mayoría de los accidentes automovilísticos y en el hogar son por descuidos. Y esto debería bastar para llamar la atención sobre el significado y aplicación del concepto Atención, pero es importante también considerar su aplicación en relación con las personas que nos rodean.
Es cuando nos relacionamos con la gente que se pone a prueba nuestra capacidad para tener atención. El primer aspecto es saber escuchar. ¿Sabemos? ¿Nos concentramos en las palabras que salen de nuestro interlocutor? ¿O estamos tan ocupados con nuestro propio discurso que realmente no comprendemos la postura de la otra parte, que por cierto queda frustrada?
La Biblia dice que escuchar y hablar poco es de sabios.
Escucha, hijo mío, y sé sabio: endereza tu corazón al buen camino. (Proverbios 23:19)
En las muchas palabras no falta pecado; el que refrena sus labios es prudente. (Proverbios 10:19)
Prestemos atención a quien se dirige a nosotros, sin prejuicios. Escuchemos al cien por ciento, mostrando que entendemos y después expongamos nuestra postura, la cual tendrá más solidez (por haberse formado después de toda la exposición de nuestro interlocutor) y mejor aceptación (por la buena voluntad que cosecharemos al haber escuchado atentamente). Respeto genera respeto.
Otro aspecto de la atención es saber concentrarnos en lo que hacemos. Es falso que las personas puedan concentrarse en más de una actividad al mismo tiempo. Podrán realizar dos o más cosas simultáneamente (la mamá que cocina y ayuda con la tarea, el papá que conduce y habla por el celular, etc.) pero sólo una está captando su atención en un momento determinado, mientras que la otra, u otras, están en piloto automático. Cierto que se puede saltar entre una y otra, más o menos rápidamente, pero en ese caso ninguna está atrayendo la concentración total.
El punto importante aquí, no es tanto el recomendar que se debe concluir una actividad antes de iniciar otra (después de todo, existen cosas que podemos hacer con un mínimo de atención), sino comprender que si existe algo que vale la pena realizar (atender al conferencista, las conversaciones, leer este artículo, etc.), algo que implique riesgos (conducir, trabajo con herramientas, usar fuego, etc.), o algo que es nuestra responsabilidad (estudio, trabajo) deberíamos comprender que merece dedicarle nuestra concentración total.
Finalmente, y quizás lo más importante, deberíamos saber poner atención a nuestra relación con Dios. Nuestra vida y la de aquellos que nos rodean mejorarían, puede tener implicaciones eternas y nos infundirá aliento, propósito y motivación en nuestro diario andar. Leamos con atención la Palabra y concentrémonos en aplicar sus principios.
viernes, agosto 03, 2007
Pierde Licencia Ex Campeón de Fórmula Uno
La Noticia:
El brasileño ex tricampeón mundial de Fórmula Uno Nelson Piquet comenzó este lunes a tomar un curso de educación vial, luego de que se le revocara su licencia de conducir por acumular demasiadas infracciones de tránsito… La prensa local reportó que Piquet, uno de los tres brasileños que han logrado ganar el campeonato mundial de Fórmula Uno, perdió su licencia en junio tras recibir una enorme cantidad de infracciones por exceso de velocidad y mal estacionamiento… También fue revocada la licencia de su esposa Viviane, quien se unió a Piquet en el curso de educación vial… El matrimonio Piquet, cuyo hijo Nelson, de 21 años es piloto de pruebas en la escudería Renault de Fórmula Uno, deberá asistir a 30 horas de clases durante ocho días y pasar un examen antes de recuperar sus licencias… Piquet es uno de los más conocidos pilotos surgidos de Brasil y se coronó campeón de la máxima categoría del automovilismo mundial en 1981, 1983 y 1987. (reforma.com)
Comentario:
Supongo que muchos soñamos en conducir uno de esos autos de F1 a toda velocidad, claro, antes de darnos cuenta que en la realidad, un camión repartidor de refrescos bloqueará nuestro camino y que si lo intentamos rebasar, aparecerá la mamá de la vecina al volante conduciendo por el carril de alta a 50 kph.
En las carreras, si se requieren neumáticos nuevos, el piloto se acerca a la zona de refacciones donde un equipo de técnicos cambiará los cuatro en 20 segundos. En la realidad, si requerimos cambiar uno sólo de los neumáticos, ¿qué ocurre?: Nos estacionamos, abrimos la cajuela, sacamos todas las chácharas que nos estorban (incluyendo la bola de boliche, una hielera aún con restos de comida, etc.) y las ponemos por un ladito, buscamos el gato y nos damos cuenta que le falta la barra para hacer palanca. Inútil discutir con el cónyuge quién la sacó para partir nueces sin regresarla a su lugar. Mientras pensamos en un sustituto, sacamos la llanta de refacción y percibimos que le falta aire… En fin, cada quien tiene su historia, pero los veinte segundos se transforman en una hora si es que tenemos la creatividad suficiente para superar los problemas. Sin contar con que olvidaremos la bola de boliche a un lado del camino.
Claro que es tentador vivir en ese mundo especial donde el conductor es rey, pero lo cierto es que vivimos en ciudades diseñadas para muchísimos menos autos de los que realmente circulan y que debemos atenernos a las reglas, que de ser seguidas por todos, permitirían una mejor fluidez en la circulación y en la localización de espacios para estacionarse.
Ni los tres campeonatos de este señor le dan la potestad de saltarse las reglas, ni deberían hacerlo puestos políticos, influencias personales o nombres famosos. Todos debemos obedecer los reglamentos de tránsito.
Lo que dice la Biblia:
Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra (Tito 3:1)
Cuando se escribió la Biblia no existían los autos (de haber sido así, sospecho que Pablo hubiera escrito mínimo dos Epístolas más), pero el mandato es simple: sujetarnos a las autoridades. Por favor, no sea de los que se transforman al conducir un vehículo, recuerde que la gracia de Jesús es capaz de alcanzar aún a esos conductores que dan vuelta a la izquierda repentinamente en lugares prohibidos. Ore por ellos.
El brasileño ex tricampeón mundial de Fórmula Uno Nelson Piquet comenzó este lunes a tomar un curso de educación vial, luego de que se le revocara su licencia de conducir por acumular demasiadas infracciones de tránsito… La prensa local reportó que Piquet, uno de los tres brasileños que han logrado ganar el campeonato mundial de Fórmula Uno, perdió su licencia en junio tras recibir una enorme cantidad de infracciones por exceso de velocidad y mal estacionamiento… También fue revocada la licencia de su esposa Viviane, quien se unió a Piquet en el curso de educación vial… El matrimonio Piquet, cuyo hijo Nelson, de 21 años es piloto de pruebas en la escudería Renault de Fórmula Uno, deberá asistir a 30 horas de clases durante ocho días y pasar un examen antes de recuperar sus licencias… Piquet es uno de los más conocidos pilotos surgidos de Brasil y se coronó campeón de la máxima categoría del automovilismo mundial en 1981, 1983 y 1987. (reforma.com)
Comentario:
Supongo que muchos soñamos en conducir uno de esos autos de F1 a toda velocidad, claro, antes de darnos cuenta que en la realidad, un camión repartidor de refrescos bloqueará nuestro camino y que si lo intentamos rebasar, aparecerá la mamá de la vecina al volante conduciendo por el carril de alta a 50 kph.
En las carreras, si se requieren neumáticos nuevos, el piloto se acerca a la zona de refacciones donde un equipo de técnicos cambiará los cuatro en 20 segundos. En la realidad, si requerimos cambiar uno sólo de los neumáticos, ¿qué ocurre?: Nos estacionamos, abrimos la cajuela, sacamos todas las chácharas que nos estorban (incluyendo la bola de boliche, una hielera aún con restos de comida, etc.) y las ponemos por un ladito, buscamos el gato y nos damos cuenta que le falta la barra para hacer palanca. Inútil discutir con el cónyuge quién la sacó para partir nueces sin regresarla a su lugar. Mientras pensamos en un sustituto, sacamos la llanta de refacción y percibimos que le falta aire… En fin, cada quien tiene su historia, pero los veinte segundos se transforman en una hora si es que tenemos la creatividad suficiente para superar los problemas. Sin contar con que olvidaremos la bola de boliche a un lado del camino.
Claro que es tentador vivir en ese mundo especial donde el conductor es rey, pero lo cierto es que vivimos en ciudades diseñadas para muchísimos menos autos de los que realmente circulan y que debemos atenernos a las reglas, que de ser seguidas por todos, permitirían una mejor fluidez en la circulación y en la localización de espacios para estacionarse.
Ni los tres campeonatos de este señor le dan la potestad de saltarse las reglas, ni deberían hacerlo puestos políticos, influencias personales o nombres famosos. Todos debemos obedecer los reglamentos de tránsito.
Lo que dice la Biblia:
Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra (Tito 3:1)
Cuando se escribió la Biblia no existían los autos (de haber sido así, sospecho que Pablo hubiera escrito mínimo dos Epístolas más), pero el mandato es simple: sujetarnos a las autoridades. Por favor, no sea de los que se transforman al conducir un vehículo, recuerde que la gracia de Jesús es capaz de alcanzar aún a esos conductores que dan vuelta a la izquierda repentinamente en lugares prohibidos. Ore por ellos.
martes, abril 10, 2007
Honor
La palabra honor se deriva del latín honoro que significaba respetar, decorar u ornamentar. Hoy en día muchos países del mundo otorgan condecoraciones a ciudadanos destacados a quienes desean honrar. Según el diccionario, honrar tiene cuatro acepciones: 1) gran respeto, estima que se muestra a otro; 2) nobleza de mente, rectitud; 3) dignidad, especialmente que se otorga a los altos rangos; 4) cortesía social.
Consideremos primero que honor es respetar a quienes están en liderazgo porque representan a autoridades más altas. Uno demuestra respeto en la manera en que responde a las instrucciones recibidas. El concepto de honor está por tanto asociado al de autoridad, porque de una forma u otra, todo mundo se encuentra bajo autoridad y muchos tienen a otros bajo su autoridad.
Un militar cuando se cruza con alguien de rango superior, inmediatamente se pone en atención y saluda, lo conozca o no. Hace esto, independientemente de qué tanto le simpatice dicho superior. ¿Por qué? Porque está respetando las reglas de la institución a la cual pertenecen ambos: el ejército. Y aún más allá, está respetando la Constitución de su país que instauró al ejército con un propósito y misión determinados.
Asimismo, respetar a nuestros jefes inmediatos en el trabajo involucra respetar más que a una persona, a la empresa que nos contrató, a sus fundadores, a la economía en que se encuentra inmersa, al país de la que forma parte y últimamente, a Dios que nos pide mostrar los valores que Jesús ejemplificó.
La Biblia dice en 1 Pedro 2:18-22:
Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Lo que merece aprobación es que alguien, a causa de la conciencia delante de Dios, sufra molestias padeciendo injustamente, pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente.
Hoy en día quizá no tengamos que soportar bofetones de nuestros empleadores, pero es probable que si existan abusos verbales, amenazas de despido, juegos de lealtades y traiciones, etc. Aquí Pedro nos indica en lenguaje de la época que dejemos de murmurar y quejarnos cuando nos asignan trabajos más allá de lo debido. Y esto sin importar si nuestro jefe merece o no respeto. De hecho, el jefe “perfecto” es una figura utópica. Luego de un par de semana bajo las órdenes de alguien, todos los empleados le descubren defectos a sus jefes. Pero también lo consideró Pedro en el anterior pasaje al indicar que “no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.” Si alguien renuncia a un empleo porque el jefe es malo, abusivo, de mal carácter, pedante, o adjetivos similares, pronto descubrirá nuevos adjetivos negativos en su nuevo empleador. El problema no está en el empleador, sino en cómo respondemos nosotros.
¿Qué ocurre cuando la persona en autoridad hace un mal uso de ella? Ciertamente pueden existir empleadores que aparte de mal carácter exhiban comportamiento poco ético, engañen a los clientes, defrauden a las autoridades, eludan los impuestos, etc. Aquí debemos hacer una distinción: son dos cosas diferentes honrar a las autoridades imperfectas y honrar a las imperfecciones de la autoridad. Se aclaró arriba que no existe la autoridad “perfecta” y aún así debemos respetarla. Lo que no debemos hacer es respetar las imperfecciones de ella, esto es, aceptar e imitar el engaño, adoptar la falta de ética como forma de trabajo y excusarnos en el argumento “todos lo hacen así en la empresa”. Debemos actuar en todo momento con honestidad y en congruencia con los valores cristianos. Si nos piden mentir a algún cliente o proveedor, debemos negarnos aclarando que nuestra prioridad es servir a Dios y que realizaremos con gusto cualquier actividad que no vaya en contra de la Palabra de Dios. Debemos honrar primero a Dios.
Sin embargo, en tanto que no se comprometa la honra de Dios, debemos obedecer. Ahora bien, el honor es ir por encima y más allá de lo que exige el deber. A ningún militar le dan una medalla de honor sólo porque obedeció órdenes. Eso es lo que se espera de cualquier soldado en primer lugar. Se reciben medallas por realizar algo extraordinario. Los trabajadores que no están en la guerra, ¿cómo pueden recibir medallas? Lo harán, no necesariamente materiales, entendiendo la misión de la empresa para la cual trabajan y realizando algo extra a favor de la misma. En vez de preguntarse ¿qué tengo que hacer?, preguntarse, ¿qué puedo hacer, qué más puedo hacer? Y, por supuesto, hacerlo, ponerse en acción.
Honor también es otorgar dignidad a quien lo merece. Calvin Coolidge dijo alguna vez: “Ninguna persona fue honrada por lo que ella recibió. El honor es el premio por lo que dio.” El honor se obtiene de muchas maneras.
En el ambiente familiar, los padres merecen el honor por haber cuidado a los hijos. En Éxodo 20:12 dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.” Respetando y obedeciendo cuando estamos sujetos a ellos es una forma de honrarlos, en cuyo caso aplican los principios establecidos antes para quienes están bajo autoridad.
Si ya tenemos nuestra propia familia, existen nuevas formas de honrar a los mayores:
1) Deferir a las preferencias de una persona mayor. En tanto sea posible, respetar las preferencias de los mayores y, aún mejor, anticipar dichas preferencias.
2) Visitarlos con cierta frecuencia, llamarlos y mantenerlos al tanto de lo que ocurre en nuestras vidas, sin importar que estemos pasando por situaciones difíciles. Ellos podrían ser fuente invaluable de consejos si sabemos escuchar.
3) Dar gracias por lo que hicieron en nuestras vidas. Siempre será posible encontrar algún motivo de agradecimiento. Hagámoslo audible.
4) Recordar las fechas importantes en la vida de nuestros mayores. Ellos se sentirán felices de que las compartamos y que les hagamos sentir que también son importantes para nosotros.
Pero Jehová respondió a Samuel:
—No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7)
En el ambiente social debemos honrar el carácter de los demás, sin dejarnos guiar por la raza, condición social u otra señal externa. Es difícil porque siempre tendemos a ver lo negativo en los demás antes que lo positivo y a ver lo externo antes que lo interno. Pero debemos recordar que Dios “mira el corazón”.
Finalmente, si nos toca tener a personas bajo nuestra autoridad, no olvidemos fijar el ejemplo. Respetemos a nuestros superiores (jefes, gobierno e incluso Dios) para poder pedir respeto a nuestros subordinados. Si bien no es una condición, un buen ejemplo facilita las relaciones de autoridad.
Consideremos primero que honor es respetar a quienes están en liderazgo porque representan a autoridades más altas. Uno demuestra respeto en la manera en que responde a las instrucciones recibidas. El concepto de honor está por tanto asociado al de autoridad, porque de una forma u otra, todo mundo se encuentra bajo autoridad y muchos tienen a otros bajo su autoridad.
Un militar cuando se cruza con alguien de rango superior, inmediatamente se pone en atención y saluda, lo conozca o no. Hace esto, independientemente de qué tanto le simpatice dicho superior. ¿Por qué? Porque está respetando las reglas de la institución a la cual pertenecen ambos: el ejército. Y aún más allá, está respetando la Constitución de su país que instauró al ejército con un propósito y misión determinados.
Asimismo, respetar a nuestros jefes inmediatos en el trabajo involucra respetar más que a una persona, a la empresa que nos contrató, a sus fundadores, a la economía en que se encuentra inmersa, al país de la que forma parte y últimamente, a Dios que nos pide mostrar los valores que Jesús ejemplificó.
La Biblia dice en 1 Pedro 2:18-22:
Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Lo que merece aprobación es que alguien, a causa de la conciencia delante de Dios, sufra molestias padeciendo injustamente, pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente.
Hoy en día quizá no tengamos que soportar bofetones de nuestros empleadores, pero es probable que si existan abusos verbales, amenazas de despido, juegos de lealtades y traiciones, etc. Aquí Pedro nos indica en lenguaje de la época que dejemos de murmurar y quejarnos cuando nos asignan trabajos más allá de lo debido. Y esto sin importar si nuestro jefe merece o no respeto. De hecho, el jefe “perfecto” es una figura utópica. Luego de un par de semana bajo las órdenes de alguien, todos los empleados le descubren defectos a sus jefes. Pero también lo consideró Pedro en el anterior pasaje al indicar que “no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.” Si alguien renuncia a un empleo porque el jefe es malo, abusivo, de mal carácter, pedante, o adjetivos similares, pronto descubrirá nuevos adjetivos negativos en su nuevo empleador. El problema no está en el empleador, sino en cómo respondemos nosotros.
¿Qué ocurre cuando la persona en autoridad hace un mal uso de ella? Ciertamente pueden existir empleadores que aparte de mal carácter exhiban comportamiento poco ético, engañen a los clientes, defrauden a las autoridades, eludan los impuestos, etc. Aquí debemos hacer una distinción: son dos cosas diferentes honrar a las autoridades imperfectas y honrar a las imperfecciones de la autoridad. Se aclaró arriba que no existe la autoridad “perfecta” y aún así debemos respetarla. Lo que no debemos hacer es respetar las imperfecciones de ella, esto es, aceptar e imitar el engaño, adoptar la falta de ética como forma de trabajo y excusarnos en el argumento “todos lo hacen así en la empresa”. Debemos actuar en todo momento con honestidad y en congruencia con los valores cristianos. Si nos piden mentir a algún cliente o proveedor, debemos negarnos aclarando que nuestra prioridad es servir a Dios y que realizaremos con gusto cualquier actividad que no vaya en contra de la Palabra de Dios. Debemos honrar primero a Dios.
Sin embargo, en tanto que no se comprometa la honra de Dios, debemos obedecer. Ahora bien, el honor es ir por encima y más allá de lo que exige el deber. A ningún militar le dan una medalla de honor sólo porque obedeció órdenes. Eso es lo que se espera de cualquier soldado en primer lugar. Se reciben medallas por realizar algo extraordinario. Los trabajadores que no están en la guerra, ¿cómo pueden recibir medallas? Lo harán, no necesariamente materiales, entendiendo la misión de la empresa para la cual trabajan y realizando algo extra a favor de la misma. En vez de preguntarse ¿qué tengo que hacer?, preguntarse, ¿qué puedo hacer, qué más puedo hacer? Y, por supuesto, hacerlo, ponerse en acción.
Honor también es otorgar dignidad a quien lo merece. Calvin Coolidge dijo alguna vez: “Ninguna persona fue honrada por lo que ella recibió. El honor es el premio por lo que dio.” El honor se obtiene de muchas maneras.
En el ambiente familiar, los padres merecen el honor por haber cuidado a los hijos. En Éxodo 20:12 dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.” Respetando y obedeciendo cuando estamos sujetos a ellos es una forma de honrarlos, en cuyo caso aplican los principios establecidos antes para quienes están bajo autoridad.
Si ya tenemos nuestra propia familia, existen nuevas formas de honrar a los mayores:
1) Deferir a las preferencias de una persona mayor. En tanto sea posible, respetar las preferencias de los mayores y, aún mejor, anticipar dichas preferencias.
2) Visitarlos con cierta frecuencia, llamarlos y mantenerlos al tanto de lo que ocurre en nuestras vidas, sin importar que estemos pasando por situaciones difíciles. Ellos podrían ser fuente invaluable de consejos si sabemos escuchar.
3) Dar gracias por lo que hicieron en nuestras vidas. Siempre será posible encontrar algún motivo de agradecimiento. Hagámoslo audible.
4) Recordar las fechas importantes en la vida de nuestros mayores. Ellos se sentirán felices de que las compartamos y que les hagamos sentir que también son importantes para nosotros.
Pero Jehová respondió a Samuel:
—No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7)
En el ambiente social debemos honrar el carácter de los demás, sin dejarnos guiar por la raza, condición social u otra señal externa. Es difícil porque siempre tendemos a ver lo negativo en los demás antes que lo positivo y a ver lo externo antes que lo interno. Pero debemos recordar que Dios “mira el corazón”.
Finalmente, si nos toca tener a personas bajo nuestra autoridad, no olvidemos fijar el ejemplo. Respetemos a nuestros superiores (jefes, gobierno e incluso Dios) para poder pedir respeto a nuestros subordinados. Si bien no es una condición, un buen ejemplo facilita las relaciones de autoridad.
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