lunes, diciembre 17, 2007

Tolerancia

“Cuando me hice miembro de la iglesia, mi círculo era muy grande… porque incluía a todos aquellos que como yo, habían creído. Estaba feliz con la idea de que los creyentes eran muchos. Pero, siendo del tipo observador, pronto aprendí que muchos creyentes cometían errores. Yo sólo podía tolerar dentro de mi círculo a quienes, como yo, hicieran lo correcto acerca de todos los puntos de doctrina y en la práctica. Algunos hicieron lo malo y pecaron. ¿Qué podía hacer yo? Tracé mi círculo otra vez… dejando fuera a publicanos y pecadores, y dentro, conmigo, a los rectos y humildes. Luego escuché rumores malos acerca de algunos de estos. Noté que algunos poseían una mente terrenal y que sus pensamientos continuamente eran sobre cosas mundanas. Mi deber, para salvar mi reputación, fue volver a trazar mi círculo… dejando dentro sólo aquellos que tenían reputación de poseer una mente espiritual. Me di cuenta que sólo mi familia y yo habíamos quedado dentro del círculo. Tenía una buena familia, pero para mi sorpresa, mi familia finalmente estuvo en desacuerdo conmigo. Yo siempre estoy en lo correcto. Un hombre debe sostenerse firme en sus creencias. Así que con determinación férrea, volví a trazar mi círculo… quedándome solo.” Anónimo.

Si creemos que todos los demás deben comportarse en forma impecable, como Cristo, invariablemente nos quedaremos solos, como la persona de la historia, por la sencilla razón de que nadie ha llegado en el pasado a la estatura de Cristo, ni llegará nadie en el futuro. Y déjeme decirle, esperando que no se ofenda, que eso lo incluye a usted.

Como nadie es perfecto, es importante comprender la cualidad de la tolerancia. Comencemos por la definición del diccionario:

Tolerancia = Permitir los puntos de vista, prácticas y creencias de los demás. Ser libre de prejuicios. Grado de variación permisible de un estándar. En medicina, tolerancia es la habilidad de resistir el daño que produce la exposición a una droga o virus. En mecánica, tolerancia es el grado en el que una máquina puede funcionar fuera de las condiciones ideales.

Todos nos desarrollamos de manera individual y sucede que en el proceso, cometemos errores y fallamos frecuentemente. Nadie recorre la misma senda que otro en la vida. Por lo tanto, los puntos de vista, prácticas y creencias serán también diferentes, ya no de cultura a cultura, o de país a país, sino de persona a persona. Tolerancia, entonces, es la cualidad que apoya al individuo a pesar de las faltas de su carácter y no permite que las fallas se interpongan en el desarrollo de una relación. La persona de la historia se quedó sola porque no permitió ni siquiera los puntos de vista de su propia familia.

Sin embargo debemos tener cuidado de no abusar del concepto. No es conveniente perdonar las fallas en el carácter o rebajar los estándares de comportamiento en nombre de la tolerancia. Eso es comprender erróneamente la tolerancia. Y sin embargo, muchas personas recurrirán a ella para saltarse los valores morales. Tolerancia es quizá permitir que nuestros hijos elijan colores que no combinan en su vestuario, pero nadie nos puede tachar de intolerantes por no permitirles vivir en promiscuidad.

La tolerancia no es rebajar los altos estándares morales para hacer que los demás se sientan más a gusto, sino que consiste en mantener los altos estándares y motivar a los demás a desarrollar un carácter aceptable sin rechazarlos cuando fallen. No se trata de perdonar el fracaso, sino de comprender que el fracaso es necesario en la vida de todos y que es inevitable en el crecimiento.

¿Cuál es el límite para conocer lo que es permisible aceptar y lo que no se puede tolerar? La respuesta la podemos encontrar en la Biblia: el pecado.

Lo que dice la Biblia
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus apetitos; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. (Romanos 6:12-13)

Es claro entonces que no podemos permitir el pecado, pero podemos alentar a las personas que los cometen a que se arrepientan, sin rechazarlas por sus fallos.

Regresando a lo que sí es tolerancia, debemos tener cuidado de no juzgar. Nadie nos erigió como jueces y carecemos de la autoridad moral (recuerde que todos somos pecadores) para dictar una sentencia. ¿Le molestan las ideas de los demás muy fácilmente? ¿Le estorban las peculiaridades y características de los demás? ¡Cuidado! Quizá le esté faltando algo de tolerancia. Recuerde que tendemos a ser muy tolerantes con los propios errores y críticos con los de los demás. Jesús dijo: "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Lucas 6:41).

Veamos un ejemplo en el hogar. Existe un miembro de la familia que no recoge sus posesiones (de hecho las deposita en los lugares más inapropiados) y esto irrita a los demás miembros de la familia. ¿Conoce a alguien así? Quien no deja las cosas en su lugar, quien tiene su cuarto en completo desorden, quien no colabora con los deberes familiares o lo hace de mal modo y sin cuidado, etc. ¿Qué debe hacer un padre? Antes de responder recuerde que una explosión de mal carácter no ayuda al crecimiento, lo atrofia. El niño/adolescente que atestigua la violencia verbal de sus padres, terminará contestando eventualmente de la misma manera. Un padre debe responder con palabras suaves pero firmes y claras de que se recoja el desorden o se realice la tarea.

Otro punto delicado acerca de la tolerancia es no usarla para evitar conflictos. Unos padres que aceptan que sus hijos hagan lo que desean, podrán quizá presumir de ser tolerantes, pero sin duda están renunciando a lograr el crecimiento de sus hijos.

Resumiendo, tolerancia es permitir puntos de vista, aceptando al individuo, no sus fallas, entendiendo que hay diferentes grados de madurez y diferentes rutas para lograrla.

4 comentarios:

SHSMEXICO PODCAST MULTIMEDIA dijo...

nadie ha llegado en el pasado a la estatura de Cristo, ni llegará nadie en el futuro....... NO ES ASI, DIOS DEMANDA LA SANTIFICACION, SANTIAGO 17:17, Y OTRO PASAJE DICE: SED VOSOTROS PERFECTOS COMO VUESTRO PADRE QUE ESTA EN LOS CIELOS ES PERFECTO"

Hermano en Cristo dijo...

Empleando la tolerancia... amado hermano que escribes el comentario anterior... Nadie ha llegado a la estatura de Cristo... SI ES CORRECTO, aunque desde el punto de vista de la escritura en mención es la intensión y el deseo del corazón en proseguir tomando el ejemplo de Cristo. En Filipenses 3:13-14 Pablo dice: No pretendo haberlo ya alcanzado pero una cosa hago.. prosigo a la meta... (de un hno. en el amor de cristo)

Norma dijo...

Si bien es cierto que TODOS ESTAMOS LLAMADOS A LA SANTIDAD, y ya existen algunos santos que lo son porque han seguido más fielmente el modelo de Cristo; quizás por su humildad (que es una virtud) no se dicen que son perfectos como Cristo. Lo unico que no se puede igualar en su nivel de Dios, pero el ejemplo de Jesús cuando fue hombre si hubieron perfectos y sí los habrá en el futuro

Denise Ingrid Brickel dijo...

Me pregunto ¿por qué Dios nos ordena una perfección que él sabe que nunca podremos alcanzar? Siempre me ha intrigado esta escritura. Realmente, si fuera imposible que pudiéramos alcanzar la perfección en esta vida Dios no nos ordenaría ser perfectos como Él, ¡nada más y nada menos que el mismísimo Dios!, es perfecto.

Si hemos de imitar a Dios, éste es tolerante, dice la Biblia, esperando el arrepentimiento de la gente. Y ud. dice bien, algunos tardamos mucho más en madurar que otros, nadie sabe lo de nadie, algunos llegamos a Dios destrozados, muy dañados por una infancia o juventud espantosa, o cargados con toneladas de maldiciones generacionales. Cierto.

Sin embargo el ejemplo que pone ud. con el hijo sucio y desordenado, allí ya no es una cuestión de tolerancia, según lo veo yo, porque a esa edad el hijo es así debido a una educación deficiente de sus padres. Si se le hubiera enseñado y disciplinado desde muy pequeño, el sujeto no llega a la adolescencia siendo guarro ni caótico. Dios es puro, limpio, es un Dos de orden. Los padres con hijos aún menores que demuestran deficiencias en su carácter como la que usted menciona es por la indulgencia y descuido, o sea, por la excesiva tolerancia o mal ejemplo de los progenitores.

La Biblia ordena no juzgar al siervo caído de Dios, de hecho dice que él, Dios, se encargará de levantarlo. Pero también nos ordena, por otro lado apartarnos de aquellos que llamándose hermanos pecan deliberadamente. Ahí es donde reside, creo yo, la clave, si la persona peca de forma abierta, o sea, con todo el conocimiento de que lo que hace está mal, no debe haber tolerancia alguna.

Pongo un ejemplo, a un recién convertido, a un bebé cristiano, no se le puede exigir lo mismo que a otro que lleva 5, 10, 15 años o más con el Señor, El primero pecará cada dos por tres, porque le tomará tiempo aprender la palabra, entenderla y asimilarla.

Allá afuera, en el Mundo, la gente nos exige ser tolerantes con prácticas supersticiosas de toda índole, desde la celebración de Halloween hasta el chamanismo. De lo último aducen que estamos todos obligados a "respetar la cultura e identidad de otros pueblos", entonces, por esa regla respetemos también la macumba, el budú, otras prácticas y costumbres satánicas.

De ningún modo. Nosotros NO tenemos por qué respetar lo que Dios condena. Y no sólo no debemos respetar sino que debemos repudiarlas y hacerles guerra con todo nuestro ser.

Ahora bien, en cuanto a las palabras suaves con la que debemos hablar, cierto, pero todo tiene también su límite. Jesús no fue un blandengue ni un afeminado como muchos lo presentan. Nuestro Señor fue en muchas ocasiones tremendamente duro con la gente, hasta el grado de insultarlos (a los fariseos los llamó tumbas blanqueadas, nido de víboras, hijos del diablo), a los mercaderes del templo les arreó con un látigo hecho por él!! y a sus discípulos les llamó "generación incrédula y perversa, hasta cuándo estaré con ustedes!".

Entonces, el Señor no fue muchas veces tolerante con la gente, a pesar de que a veces se trató de ignorancia o ceguera espiritual y no rebeldía. El Señor se enojó, insultó, se exasperó y entristeció hasta las lágrimas (recordemos cuánto lloró al entrar a Jerusalén), sin embargo no pecó.

Cuidado y no caigamos en "suavidades" indignas de un Hijo de Dios, porque los discípulos no somos más que nuestro Maestro, y nuestro maestro fue un hombre justo, bueno, compasivo, sí, pero justo, viril y firme cuando había que corregir a los demás.

Un gusto leerlo, casi nunca me encuentro con artículos en castellano bien escritos, la mayoría están inundados de espantosas faltas no sólo ortográficas sino gramaticales, algo, que, reconozco, me cuesta mucho tolerar, sobre todo porque el Espíritu que nos habita es un Espíritu de excelencia.