jueves, abril 10, 2014

Sabiduría

Lo que dice la Biblia:
Clama la sabiduría en las calles;  en los lugares públicos levanta su voz (Proverbios 1:20).

Interesante lo que dice el versículo: “Clama la sabiduría en las calles.” El problema es que el mundo no la escucha. En las calles hemos presenciado accidentes de tránsito o incluso hemos estado involucrados en alguno y seguimos acelerando porque vamos retrasados a algún compromiso. En las calles hemos sido testigos de abusos de comerciantes que inflan artificialmente sus precios para aprovecharse del necesitado. En nuestros centros de trabajo hemos notado como los empleados toman ventaja de lo que pueden echar mano y como los empleadores abusan de su poder. En los medios hemos escuchado recomendaciones de expertos en nutrición y cuidado del cuerpo. A nuestro alrededor observamos conocidos que gastan más de lo que perciben. Sólo por mencionar algunos ejemplos.

Clama la sabiduría en las calles, pero no la escuchamos. Seguimos conduciendo temerariamente, seguimos tomando ventaja de quien se deja, seguimos consumiendo comida poco saludable, seguimos sin ejercitar nuestros cuerpos, seguimos usando una o varias tarjetas de crédito, seguimos, en pocas palabras, siendo necios a los consejos de nuestros mayores o de los expertos.

Proverbios 1:22 dice: “¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos, seguirán aferrados a su inexperiencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los insolentes, se complacerán en su insolencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los necios, aborrecerán el conocimiento?” Estas fueron palabras de impaciencia de Salomón, muchos años antes de que naciera Jesús, pero pareciera que las pronunció observando a nuestra sociedad hoy en día. ¿Cuándo tendremos el sentido común de tratar a nuestros cuerpos con disciplina, de tratar a nuestros semejantes con amabilidad, de tratar a clientes, empleados, trabajadores, jefes y comerciantes con dignidad, de tratar a otros conductores y autoridades con respeto, de ahorrar en vez de gastar?


La sabiduría, en forma gratuita, levanta su voz en los lugares públicos. ¿Cuándo la escuchará el mundo?

viernes, abril 04, 2014

Ya Está Sucediendo

Lo que dice la Biblia:
¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados (Isaías 43:19).

Vivimos una época de ritmo acelerado. La tecnología (teléfonos celulares, computadoras, medios de transporte), la comunicación (facebook, twitter, YouTube), el entretenimiento (películas, televisión, prensa) y por supuesto la agitada rutina diaria (empleo, familia, quehaceres domésticos, tareas escolares) no nos dejan tiempo para reflexionar acerca de la Palabra y profundizar en nuestra relación con Dios.

A tal punto vivimos a las prisas que no percibimos lo que Dios está haciendo. Isaías 43:19 dice: “Ya está sucediendo.” Esto fue verdad en la época de la deportación, en el tiempo de Jesús y es verdad en nuestro tiempo. La gente está tan ocupada con sus cosas que no se da cuenta de esos caminos en el desierto o de esos nuevos ríos. Tal vez no sean literales, de hecho esta parte de la escritura está escrita en forma de poesía, pero dirige nuestra atención a un punto: la obra de Dios el día de hoy.


Hay misioneros en muchas partes del mundo esparciendo el evangelio, las iglesias aumentan y los creyentes se multiplican. Si esperamos ver surgir un nuevo río en el desierto perderemos el propósito real de la obra de Dios. No que Dios no esté detrás de un terremoto o un tornado, pero no necesitamos eventos de tal magnitud para apreciarlo día a día. Dios está también detrás de esa sonrisa, de ese perdón, de esas palabras amables, de ese amor entregado a quien no se lo merece, etc. El reino de Dios es un reino de amor y ¿sabe qué? ¡Ya está sucediendo!

jueves, marzo 27, 2014

Arrepentimiento

Lo que dice la Biblia:
En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Decía: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo 3:1-2)

Es el comienzo del Nuevo Testamento. Habían pasado 400 años de silencio de Dios y aparecía Juan el Bautista, que más que profeta parecía hippie, a pesar de que ese concepto no aparecería sino 2000 años después.

Al escuchar la palabra: “Arrepiéntanse,” ¿qué escuchamos? Muy probablemente la mayoría de las personas escuchan una amenaza o una advertencia. Estas personas incluso completan la palabra con la siguiente frase: “O se irán al infierno.” Quizás han escuchado juntas esas expresiones tantas veces en boca de predicadores emotivos, pastores de recio carácter, sacerdotes expresivos, o incluso amigos o conocidos que tratan de evangelizar enarbolando razones convincentes, que es inevitable pensar que no son el mismo concepto.

¿Qué tal si nos esforzamos por escuchar en la palabra “Arrepiéntanse,” una invitación en lugar de una condenación? Sin duda así lo tenía pensado originalmente Juan. Una invitación a cambiar de dirección, a cambiar la forma pecaminosa de actuar, a mostrar un nuevo rostro, porque el reino de los cielos, donde predomina el amor, está cerca. Cuando aceptamos una invitación para convivir con amigos, lo hacemos porque creemos que pasaremos un buen tiempo juntos y no por las consecuencias de no hacerlo. De la misma manera, aceptemos la invitación de arrepentirnos de pecado para pasar el mejor tiempo posible con Jesús.


La pregunta es: ¿cómo mostraremos al mundo que hemos aceptado la invitación de Juan? Tenemos que ejemplificar con nuestra vida a quienes nos rodean que efectivamente el reino de los cielos está cerca. Tan cerca que ya nos alcanzó y puede alcanzarlos a ellos también.

miércoles, marzo 26, 2014

Alegría

Lo que dice la Biblia:
Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! (Filipenses 4:4)

En más de una ocasión me he sorprendido quejándome. Por ejemplo, el otro día me quejé de falta de estatura para jugar al basquetbol como hubiera deseado. Pronto me arrepentí. Estatura o no, muy probablemente mi vida no hubiera estado centrada en un deporte, y el destacar en él no habría servido más que para impresionar a algunos amigos los fines de semana. Así que, ¿qué importancia tienen unos centímetros más o menos?

Lo que sí es importante es reconocer lo que Dios nos concedió. Si usted carece de imperfecciones físicas y posee completa salud, tiene que agradecer más a Dios, ¡Aleluya! Lo normal, prácticamente el caso de la mayoría de las personas, es que tenemos alguna enfermedad o cierta carencia física. No lo resaltemos o atribuyamos importancia, porque si nos fijamos bien, es más lo que tenemos que lo que nos falta.

Recordemos que tenemos un cerebro funcionando con su memoria y dominio propio. Tenemos los sentidos, con todo el placer que puede llegar a través de ellos. Tenemos la locomoción que nos permite desplazarnos y movernos a nuestra voluntad. Tenemos un planeta para recorrer, apreciando sus habitantes y maravillas naturales. Tenemos familiares y amigos que han surgido por el hecho de vivir en una comunidad. La lista puede seguir y ser muy específica en cualquiera de los rubros mencionados, pero el punto es que, a pesar de que a usted y a mí nos falte algo, lo mucho que tenemos debe ser motivo suficiente para alegrarnos.

Cada día demos gracias por todas las bendiciones recibidas de Dios y… ¡Alegrémonos!

Llamamiento Celestial

Lo que dice la Biblia:
Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús (Filipenses 3:14).

Hay dos cosas que destacan en este versículo. Primero que como cristianos tenemos que poner algo de nuestra parte para llegar a la meta y segundo, que Dios nos hizo un llamado.

Lo primero es muy importante. ¿Ha notado que sin un esfuerzo premeditado, las cosas tienden al desorden y al caos? No limpie la casa y verá como pronto se torna imposible vivir en ella. Viaje en un bote a la deriva y se perderá en el mar. Coloque un barco de papel en un río y viajará corriente abajo hasta estrellarse en alguna roca. Lo mismo ocurre en la vida del cristiano. No haga nada (no ore, no asista a la congregación, no lea su Biblia, no conviva con los hermanos) y notará que no puede ir hacia “arriba,” a la meta, sino que irá corriente abajo, a la deriva, hasta perderse.

Lo segundo es quizás más importante. No basta con lo que hacemos nosotros, sino que además necesitamos del llamamiento celestial. El esfuerzo personal no es suficiente para ir hacia “arriba,” necesitamos de un combustible especial. ¿Cuál es? Lo dice el versículo: Cristo Jesús. Debemos establecer una relación con Jesús para coordinar ese esfuerzo que nos permita ganar el premio.


Motivémonos a seguir avanzando hacia la meta (pongamos de nuestra parte) sin olvidar que la clave está en tener como capitán de nuestros esfuerzos a Jesús.

martes, marzo 18, 2014

Somos la Luz

Lo que dice la Biblia:
Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo (Mateo 5:16).

Palabras de Jesús a sus seguidores. Esto es, a nosotros. Antes Jesús dijo que somos la sal y que debemos sazonar con Su gracia y su Palabra a quienes nos rodean. Ahora dice que somos la luz. Debemos iluminar el camino que lleva a Él. ¿Cómo podemos iluminar el camino? Sería la reflexión. El versículo dice que con buenas obras.

Primero debemos dejar en claro que no se hacen buenas obras para alcanzar la salvación. Esta es por gracia y gratis. Entonces, como seguidores de Cristo, porque ya le conocimos y le estamos escuchando, deseamos hacer buenas obras. Ahora bien, no piense que buenas obras se limitan a alimentar huérfanos, visitar enfermos o llevar el mensaje a las prisiones. Hay muchas cosas que podemos hacer en la vida diaria para iluminar nuestro alrededor, muchas veces sin necesidad de gastar dinero o incluso dedicar tiempo especial.

Podemos sonreír todo el día, todos los días. Después de todo, debemos estar agradecidos por la vida terrenal y la eterna por añadidura. Podemos hacer nuestro trabajo diario con entusiasmo y buen humor. Podemos contagiar la alegría en nuestros centros de trabajo. Podemos relacionarnos con nuestros vecinos, compañeros de trabajo o familiares con una actitud que irradie un profundo amor a Dios. Podemos abstenernos de involucrarnos en conversaciones profanas o chismes. Podemos abogar para que exista armonía a nuestro alrededor. Etc.

Si puede donar una cantidad importante de dinero a una caridad, adelante, pero el punto es que podemos ser luz en pequeñas dosis diarias con nuestra actitud y acciones. Recuerde que lo importante es que nuestro comportamiento haga que quien nos observe alabe a Dios.

Somos la Sal

Lo que dice la Biblia:
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?  Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee…” (Mateo 5:13)

Son palabras de Jesús a sus seguidores. O sea, nosotros. ¿Tenemos claro entendimiento de lo que significa? Somos la sal, esto es, somos lo que da sabor, lo que sazona, lo que le da validez realmente a los alimentos. Entonces debemos sazonar las vidas de los que nos rodean con nuestro conocimiento de la Palabra y con la gracia de nuestro maestro.

¿Nuestros vecinos están atribulados por un problema familiar? Nuestras oraciones, consejo, apoyo y comprensión, salpicados de citas bíblicas llevarán algo de paz. ¿Algún compañero de trabajo pasa por una depresión? Nuestras oraciones y versículos de sabiduría bíblica pueden restablecerlo. ¿Alguna amistad terminó una relación o perdió su empleo? Nuestras oraciones junto a la referencia de las promesas de Dios de estar siempre cerca del creyente le sostendrán. Muchas situaciones se presentarán cada día en que al mostrar la gracia de Dios y revelar Su Palabra, traerá el sazón a la vida. Si somos la sal, es nuestra tarea.

La cita además es significativa cuando consideramos que la sal en el mundo es de lo más económico que hay. Esto nos debe mantener humildes. Somos la sal, pero no debemos vender caro nuestro servicio. Por gracia somos salvos, por gracia debemos cumplir con nuestra encomienda. No podemos escatimar la sazón, o incluso ser selectivos. La sal no discrimina entre el pollo y el pescado, sino que funciona para todo alimento. Igual debemos actuar nosotros.

Si somos la sal, debemos ocuparnos en que no falte el sabor en las mesas de nuestro alrededor. No deseamos que nos pase lo que dice al final de Mateo 5:13, ¿verdad?, así que evitemos el volvernos insípidos.