jueves, mayo 07, 2015

Amistades

El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado (Proverbios 13:20)

Es un hecho reconocido desde los tiempos del Antiguo Testamento: las amistades influyen en el carácter de las personas. Los seres humanos tenemos control acerca de quiénes son nuestras amistades, esto es, nuestros amigos no nos fueron impuestos por las circunstancias.

Somos diferentes a los patos, que vuelan en manada con los de su mismo plumaje. De los perros salvajes que se unen con los de su especie para cazar, de los antílopes que andan con otros antílopes para protegerse, etc. Los humanos, en el caso de vivir en aislamiento, por ejemplo en la Antártida, buscaríamos a cualquier humano para convivir. Pero lo cierto es que la vida moderna en las ciudades pone a nuestra disposición más seres humanos con los que podríamos realmente convivir, así que debemos seleccionar con quién intimamos.

Hay muchos estilos de vida representados en cualquier ciudad en la que vivamos. Están los grupos de personas que se reúnen en un bar a beber mientras comentan las noticias del día, están los que asisten a los partidos deportivos y son enciclopedias andantes de su deporte favorito, están los que hablan de las celebridades y eventos transmitidos por la televisión, están los que favorecen el sarcasmo y se burlan de los compañeros de oficina o de estudio, están los obsesionados con el sexo opuesto y hablan exclusivamente de conquistas o de aventuras extra-maritales, etc.

¿Cómo podría definir a su grupo de amistades? ¿Podría afirmar sin temor a equivocarse que se está juntando con sabios? En el Nuevo Testamento se expresa: No se dejen engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33).

Recuerde que es su decisión a quién invita a su círculo de amistades. Y una última reflexión. ¿Qué están aprendiendo las personas que se juntan con usted? ¿Qué sabiduría les puede ofrecer? No se ofenda, en lugar de ello apague la TV y abra un libro.


domingo, abril 12, 2015

Frivolidad

Así que les digo esto y les insisto en el Señor: no vivan más con pensamientos frívolos como los paganos (Efesios 4:17).

Antes que nada, ¿qué entendemos por frivolidad? La definición aportada por el diccionario de la Real Academia Española nos puede servir:

(Del lat. frivŏlus).
1. adj. Ligero, veleidoso, insustancial. (Usado también como sustantivo)
2. adj. Se dice de los espectáculos ligeros y sensuales, de sus textos, canciones y bailes, y de las personas que los interpretan.
3. adj. Dicho de una publicación: Que trata temas ligeros, con predominio de lo sensual.

Con tal definición no puede uno sino pensar en los contenidos de la televisión de hoy, las películas populares, las revistas de entretenimiento, de los chismes que circulan por las redes sociales, de los videos que plagan las páginas de Internet, en fin, no podemos sino concluir que la vida a nuestro alrededor está llena de frivolidad.

¿Qué podemos hacer? A menos que nos convirtamos en ermitaños o nos encerremos en nuestras casas (eliminando la tv, radio e Internet), vamos a ser bombardeados por frivolidad todos los días. La respuesta por supuesto está en la Biblia: Ser renovados en la actitud de su mente (Efesios 4:23). Y sólo Dios puede auxiliarnos en esta misión: no vivir más con pensamientos frívolos. Pero si somos serios en nuestro deseo de seguir a Jesús, debemos renovar nuestra mente con la Palabra de Dios, oración y ayuno.


martes, abril 07, 2015

Olvidar el Pasado

Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús (Filipenses 3:13-14).

Existe en economía un concepto llamado “costos hundidos.” Se refiere a aquellos gastos o inversiones que salieron mal en el pasado, pero que se deben olvidar para considerar las decisiones del futuro. No se puede paralizar una empresa, un proyecto o inversión por una mala decisión que está en el pasado. El principio fundamental es claro: lo pasado no puede cambiarse.

Pablo, en su carta a los Filipenses, lo explica impecablemente: “olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando…” El pasado no puede, no debe definir lo que una persona es. Podrá servir como recordatorio para tener claro de dónde nos sacó Dios, pero nada más. Al aceptar a Jesús como Señor y Salvador, Dios nos perdonó todo lo que hicimos. Y si Dios olvidó lo que éramos, nosotros también debemos olvidar.

Por supuesto que estamos hablando de personalidad, de carácter o de eventos deprimentes. Si tenemos una deuda del pasado, aún hay que pagarla. Debemos aceptar las consecuencias de nuestras acciones pasadas. Con una nueva actitud cumpliremos lo que se tenga que pagar y actuaremos hacia el futuro de forma de honrar a Cristo y… “ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.”

Si nos juzgaran por como fuimos en el pasado, estaríamos ya derrotados. Pero Dios es bueno, nos perdonó y nos toca avanzar hacia la meta.

miércoles, marzo 25, 2015

Él es Capaz

Amasías le preguntó al hombre de Dios: ¿Qué va a pasar con los tres mil trescientos kilos de plata que pagué al ejército de Israel? El Señor puede darle a usted mucho más que eso respondió (2 Crónicas 25:9).

Quizás recuerde el contexto de esta historia. Amasías, rey de Judá, hacía lo que le agradaba al Señor aunque no de corazón. Hoy lo llamaríamos un cristiano de fachada. Era una época en que el gran reino de David y Salomón se había partido en dos: Judá e Israel. Como sucede en muchas familias, estos reinos se enemistaron y si bien en el tiempo de Amasías no existía conflicto bélico, los habitantes de ambos reinos no se querían.

Amasías armó su ejército con 300,000 soldados de Judá y sintiendo que necesitaba más, contrató a 100,000 guerreros del reino vecino de Israel. Para ello, les dio por anticipado, tres mil trescientos kilos de plata, una suma considerable para su tiempo. Al enterarse, un hombre de Dios, fue a advertirle al rey que no usara a estos guerreros contratados o si no iba a perder el apoyo de Dios en las batallas. El primer pensamiento de Amasías fue hacia el dinero que ya había desembolsado: “¿Qué va a pasar con el dinero que ya pagué?” La respuesta del hombre de Dios es extraordinaria: “El Señor puede darle a usted mucho más que eso.”

Hay al menos dos aprendizajes en esta historia. Primero, consultar a Dios antes de hacer un desembolso considerable. ¿Tiene pensado comprar un auto o una casa? Pregunte primero a Dios. Tal vez sea exagerado orar antes de comprar un kilo de jamón, pero ¿qué tal una computadora, un celular sofisticado, una TV o un nuevo refrigerador? Oremos para tener paz al desembolsar el dinero ganado con muchos trabajos.

Segundo, no considere como una pérdida lo que entrega a Dios. El diezmo y la ofrenda no lo perjudican porque… “El Señor puede darle a usted mucho más que eso.” Quien tiene fe en Dios, sabe que Él nos tiene cubiertos. Así que no piense que podría darle un mejor uso al dinero de su diezmo y ofrenda. Confíe en Dios.

viernes, marzo 20, 2015

Lección de Humildad

James Ryle contaba una historia sobre un pájaro canadiense que quiso ser original y no viajar al sur durante el invierno. Las demás aves lo tildaron de a loco y abandonándolo, emigraron al sur. El pájaro de la historia al principio disfrutó de los días sin lo cansado de viajar, pero pronto llegó el frío fuerte y comprendió su error. Antes de congelarse comenzó a viajar al sur, pero como había comenzado demasiado tarde el viaje, solo alcanzó a llegar a Montana en los Estados Unidos cuando el frío lo paralizó y cayó casi congelado en una granja.

Una vaca de la granja, sin siquiera darse cuenta del pájaro moribundo, atinó a defecar encima de él. El pájaro moribundo solo pudo pensar que era lo último que le faltaba, que una vaca depositara sus residuos sobre él y deseó morirse. Sin embargo, la suciedad de la vaca le elevó la temperatura y lo protegió del frío, así que salvó su vida.

Por supuesto que no parece una anécdota muy pulcra, pero tiene una moraleja muy potente. Hay ocasiones que creemos que los demás nos hacen daño, nos maltratan, nos dan lo peor de sí mismos y nos hacen sentir terrible. Casi como si “defecaran” sobre nosotros. Pero vean cómo Dios cambió el mal olor en un beneficio para el pobre pajarito necio. Así Dios transforma las acciones que creemos nos hacen mal, en bien. No nos lo parece al principio, pero si somos capaces de reflexionar sobre el pasado, veremos que esto es cierto una y otra vez.

Si Dios cuida de un pobre pajarito necio (de una forma peculiar, cierto, pero implicando con ello una lección de humildad), ¡cuánto más de sus hijos!

miércoles, marzo 18, 2015

En el Fuego

Los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros reales se arremolinaron en torno a ellos y vieron que el fuego no les había causado ningún daño, y que ni uno solo de sus cabellos se había chamuscado; es más, su ropa no estaba quemada ¡y ni siquiera olía a humo! (Daniel 3:27)

Quizás recuerda la historia de Sadrac; Mesac y Abednego. Tres jóvenes judíos que se opusieron a adorar la estatua dorada que había levantado el rey Nabucodonosor y como consecuencia fueron atados y arrojados al fuego. Sin embargo y para sorpresa de muchos, los jóvenes salieron ilesos del horno.

La Biblia dice: En ese momento Nabucodonosor se puso de pie, y sorprendido les preguntó a sus consejeros: “¿Acaso no eran tres los hombres que atamos y arrojamos al fuego?” “Así es, Su Majestad” le respondieron. “¡Pues miren!” exclamó. “Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras y sin daño alguno, ¡y el cuarto tiene la apariencia de un dios!”

Tal vez no vivamos los tiempos violentos como para que se nos arroje al fuego por desairar al rey, pero ciertamente padecemos muchos problemas que nos harían pensar que estamos en un horno atados. Familiares que nos rechazan, amigos que nos vuelven la espalda, compañeros de trabajo que se mofan o nos someten a pruebas, vecinos que abusan, etc. Ciertamente en esta vida pasaremos por muchas pruebas.

La buena noticia es que Jesús estará con nosotros en ese horno librándonos del calor y haciéndonos compañía. La Palabra dice: ¡Ni siquiera olía a humo! Quiere decir que la forma en que nos librará Jesús de los problemas es tal que ni humo quedará. ¿No es Dios maravilloso?

domingo, marzo 15, 2015

Contra Corriente

Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia (1 Pedro 1:14).

¿Le ha tocado presenciar cómo un río arrastra las cosas a su paso? Se requiere una gran energía para que algo vaya contra la corriente. Por ejemplo, los salmones viajan contra corriente para llegar al lugar donde se reproducirán. Claro que lo hacen a gran costo y corriendo incontables riesgos.

El cristiano es como un salmón viajando a contra corriente del río de la vida. Las modas, los compañeros, los familiares no cristianos, están constantemente influyendo sobre él para que viaje con la corriente. Por ejemplo, la corriente natural es que los compañeros de escuela presionen a los cristianos a beber alcohol, a tener sexo, a jugar en forma violenta, a hacer trampa en los exámenes y tareas, etc. Si un joven cristiano intenta oponerse y buscar ir contra la corriente, es tildado de aburrido, mojigato o aguafiestas.

Ciertamente es difícil ir contra la corriente porque nadie quiere ser un mojigato o aguafiestas, ¿cierto? Entonces, ¿qué puede hacer el joven que busca ir contra corriente? El salmón lo logra porque tiene impreso en su cerebro una misión muy importante que lo motiva. De igual forma, los cristianos deben identificar que la misión es “ser santo” (“Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó,” 1 Pedro 1:15) y con la ayuda de Dios conseguirán ir contra la corriente de este mundo.

¿Es difícil? Por supuesto, pero ¿qué mérito existe en dejarse llevar por la corriente? Lo hacíamos antes de conocer a Jesús. Ahora la misión, si decidimos aceptarla, es… “ser santo.”