Antes de establecer la definición, hagamos un esfuerzo mental por establecer motivos (así en plural y en gran cantidad) para estar agradecidos. Después meditaremos a quién le podemos agradecer por cada uno de ellos. Comencemos. Podemos estar agradecidos por la vista, el gusto, o todos los sentidos, para terminar antes; por la vida; por la salud (aunque no esté al 100 por ciento); por la comida; por el vestido; por la ropa; por el techo; por los servicios recibidos; por la atención recibida cuando niños, adolescentes y jóvenes; por las flores, los animales y los árboles; por la tierra, para no desglosar cada elemento de ella; por los libros, las computadoras y el Internet (N. del E.: Aquí eliminé la parte de dar gracias por este Blog, ya que hubiera sonado muy arrogante) (N. del A.: No tenías que poner esta nota aclaratoria. ¿Qué esperas? ¿Las gracias?) (N. del E.: ¿No estás hablando de gratitud?); por los juegos y deportes y todos quienes los han compartido con nosotros; por los maestros y su paciencia; por nuestro empleo y empleadores; por cada familiar y amigo que ha pasado tiempo con nosotros; por cada regalo recibido; por cada Navidad y cenas especiales; por esa sonrisa y ese abrazo; por…
Definitivamente, existen muchas razones para sentirnos agradecidos. Si su lista es corta, es quizás porque está resentido con alguien y no está siendo capaz de ver que su vida, prácticamente por definición, se la debe a alguien.
Gratitud, vayamos al concepto, es reconocer lo que otras personas han hecho por uno y expresarles lo mucho que se aprecia lo que hicieron.
Primero, por supuesto, hay que reconocer los beneficios (para ello hicimos la lista), pero ahora hay que considerar: ¿Quién nos ha beneficiado? Es inevitable que mencionemos a nuestros padres biológicos o adoptivos, sin importar que después hubiesen desarrollado egoísmo o desinterés. Si estamos vivos, es porque alguien cuidó de nosotros cuando niños. Los bebés humanos no son capaces de sobrevivir por sí mismos. Y la gratitud no debe depender de la personalidad del benefactor, sólo de los beneficios.
También seguramente debemos mencionar a hermanos y otros familiares cercanos. La convivencia irremediablemente acarrea ciertos conflictos y es probable que recordemos pleitos pasados con nuestros hermanos, pero debemos hacer un esfuerzo para evitar la amargura y centrarnos en lo positivo, en aquellos gestos de bondad que seguramente existieron.
¿Quién más es o fue un probable benefactor algún día? Amigos, vecinos, jefes anteriores (aún cuando en algún momento se hayan visto precisados a despedirnos), jefes actuales, proveedores de servicios, etc. Sin olvidar, claro, a aquel que en principio nos otorgó la vida y a Jesús, quien se sacrificó por nosotros para que aceptándole, seamos acreedores a la vida eterna.
Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia. (Hebreos 12:28)
No que lo sea, pero quizás, si tenemos la meta de ser agradecidos, deberíamos considerar la gratitud como una deuda personal, no abstracta. Esto es, no sentirnos agradecidos en lo general y suspirar, sino hacer algo tangible a personas de carne y hueso (dejando un lugar especial para Dios, claro).
Esto requiere de nuestro tiempo y atención. Debemos dedicar tiempo a decir gracias lo más pronto posible. Hacerlo tarde, además de correr el riesgo de nunca poder hacerlo, no tiene el mismo efecto. De hecho puede generar amargura en algunas personas que nos dedicaron su atención y nosotros, no solamente no agradecimos, sino que incluso menospreciamos el regalo, la atención o la intención.
No seamos de aquellos que lamentan no haber alcanzado a agradecer a un ser querido antes de que la muerte se los arrebatara. Empecemos hoy mismo a cancelar esas deudas pendientes con muchos abrazos y otras acciones de gracias.
Lo que nos lleva al siguiente punto: no basta con palabras, existen muchas formas de agradecer un beneficio. Primero, parte de la gratitud significa en hacer un uso responsable de lo que se ha recibido por gracia. ¿Qué recibimos? ¿Una carrera universitaria? Seamos unos excelentes profesionistas que hagan a quien nos ayudó a conseguir el grado sentirse orgullosos. ¿Dinero? Usémoslo responsablemente. Etc.
También se muestra gratitud hacia nuestros empleadores cuando somos cuidadosos con el equipo de la empresa o de la oficina. Hacia nuestros abuelos cuando pasamos tiempo con ellos escuchando sus historias. Hacia nuestros empleados cuando en público exaltamos sus virtudes. Hacia Dios cuando ofrecemos ayuda a personas menos afortunadas que nosotros.
Lo que dice la Biblia:
Me alegro muchísimo en el Señor de que al fin hayan vuelto a interesarse en mí. Claro está que tenían interés, sólo que no habían tenido la oportunidad de demostrarlo. No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. (Filipenses 4:10-11)
Pablo se apresuró a dar gracias con humildad a los Filipenses, aún cuando parecía que estos se habían olvidado de él. No guardemos rencores, sino hagamos un esfuerzo para que nuestras palabras estén siempre llenas de gratitud en todo y por todo.
"Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones."
Jeremías 1:5
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martes, julio 22, 2008
viernes, abril 25, 2008
Sufrimiento
Es muy sencillo dar gracias cuando alguien nos hizo un regalo o nos prestó un servicio, pero resulta cuesta arriba, o incluso impensable, dar gracias por el sufrimiento. ¿No es así? Exploremos la radical idea de que el sufrimiento sirve para más de un propósito positivo en nuestras vidas.
Según el diccionario, el sufrimiento es agonía, aflicción, dolor intenso o pena. Según la Biblia es la motivación para quitar la vista de las cosas temporales para poder ver realidades eternas (Fil 3:8). Ciertamente parte del sufrimiento es causado por el pecado existente en el mundo desde la caída del hombre, pero otra parte no está relacionado al pasado, sino que podría servir para refinar a los hijos de Dios.
La clave está en que seamos capaces de entender los propósitos del sufrimiento, de lo contrario caeremos en la trampa de la amargura, el deseo de venganza y la ruptura de relaciones. He aquí una lista de motivos según los cuales Dios estaría permitiendo el sufrimiento en nuestras vidas.
1. Con el sufrimiento Dios atrae nuestra atención. De hecho no deberíamos esperar al sufrimiento para volver los ojos a Dios, pero seamos sinceros, cuando todo va bien, pocos somos capaces de entender que es Dios quien merece el mérito y no nuestras propias fuerzas y habilidades. Sólo cuando las cosas salen mal y las cargas de este mundo nos agobian, es que volvemos los ojos hacia el Creador.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mat 11:28)
2. El sufrimiento nos asegura que Dios nos ama. Todo padre entiende que los castigos impuestos a los hijos son para su propio bien.
Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (Heb 12:6-7)
3. Mediante el sufrimiento Dios conquista nuestro orgullo. Él trata de moldear en nosotros un carácter a la imagen del de Jesús y es el orgullo lo que normalmente cuesta más trabajo doblegar. El sufrimiento es a veces la única opción que le dejamos a Dios.
Pero él da mayor gracia. Por esto dice: "Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes". Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. (San 4:6-7)
4. El sufrimiento es un recordatorio de nuestras debilidades y esto, irónicamente, nos hace fuertes. Esto puede ser difícil de comprender para quien está acostumbrado a ver sólo lo terrenal, pero debemos recordar que los caminos de Dios son distintos. Jesús no llegó a salvar con espadas de hierro, sino con humildad, actitud de servicio y sacrificio.
Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí. Y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en insultos, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Cor 12:7-10)
5. Por medio del sufrimiento Dios purifica nuestra fe. Así como el fuego ayuda a probar y a purificar los metales preciosos, el sufrimiento lo hace con la fe. ¿Qué tan fuerte es aquella fe que ha resistido los más duros embates, comparada con aquella que se derrumbó ante la primera prueba?
Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. (1 Pe 1:6-7)
6. Con el sufrimiento Dios prueba nuestra obra. La obra que no permanece luego de cierto sufrimiento, muy probablemente está basada en fuerzas, emociones o valores humanos. Dichas obras tienen límites humanos y no pueden ser de utilidad para un plan que trasciende a lo eterno.
La obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. (1 Cor 3:13)
7. Con el sufrimiento Dios escoge nuestras amistades. Mucha gente se agolpa alrededor de la gente que prospera y tiene recursos para repartir, pero sólo los verdaderos amigos se mantienen cuando una desgracia sobreviene.
En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia. (Pro 17:17)
8. El sufrimiento nos capacita para consolar a otros. Quienes han sobrellevado una fuerte crisis están mejor capacitados para comprender a quienes les toca pasar por una situación semejante.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (2 Cor 1:3-5)
Y hay más propósitos: con el sufrimiento Dios nos llama al auto examen (Ap 3:19), nos motiva a clamar a él (Sal 9:12), nos da evidencia de la guerra espiritual (Efe 6:11-12), nos ayuda a reevaluar prioridades (Sal 107:17), nos llama a identificarnos con Cristo (Fil 3:10), etc.
Con tan larga lista, debemos dejar de ver al sufrimiento como una maldición y comenzar a verlo como una oportunidad, como algo que nos permita comprender la labor redentora de Jesús. Nótese que el sufrimiento no nos redime per se, no caigamos en la trampa de sentir que merecemos algo después del mismo, sino que atrae nuestra atención hacia lo que verdaderamente vale. Así que (por extraño que parezca) demos gracias a Dios por el sufrimiento.
Según el diccionario, el sufrimiento es agonía, aflicción, dolor intenso o pena. Según la Biblia es la motivación para quitar la vista de las cosas temporales para poder ver realidades eternas (Fil 3:8). Ciertamente parte del sufrimiento es causado por el pecado existente en el mundo desde la caída del hombre, pero otra parte no está relacionado al pasado, sino que podría servir para refinar a los hijos de Dios.
La clave está en que seamos capaces de entender los propósitos del sufrimiento, de lo contrario caeremos en la trampa de la amargura, el deseo de venganza y la ruptura de relaciones. He aquí una lista de motivos según los cuales Dios estaría permitiendo el sufrimiento en nuestras vidas.
1. Con el sufrimiento Dios atrae nuestra atención. De hecho no deberíamos esperar al sufrimiento para volver los ojos a Dios, pero seamos sinceros, cuando todo va bien, pocos somos capaces de entender que es Dios quien merece el mérito y no nuestras propias fuerzas y habilidades. Sólo cuando las cosas salen mal y las cargas de este mundo nos agobian, es que volvemos los ojos hacia el Creador.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mat 11:28)
2. El sufrimiento nos asegura que Dios nos ama. Todo padre entiende que los castigos impuestos a los hijos son para su propio bien.
Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (Heb 12:6-7)
3. Mediante el sufrimiento Dios conquista nuestro orgullo. Él trata de moldear en nosotros un carácter a la imagen del de Jesús y es el orgullo lo que normalmente cuesta más trabajo doblegar. El sufrimiento es a veces la única opción que le dejamos a Dios.
Pero él da mayor gracia. Por esto dice: "Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes". Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. (San 4:6-7)
4. El sufrimiento es un recordatorio de nuestras debilidades y esto, irónicamente, nos hace fuertes. Esto puede ser difícil de comprender para quien está acostumbrado a ver sólo lo terrenal, pero debemos recordar que los caminos de Dios son distintos. Jesús no llegó a salvar con espadas de hierro, sino con humildad, actitud de servicio y sacrificio.
Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí. Y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en insultos, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Cor 12:7-10)
5. Por medio del sufrimiento Dios purifica nuestra fe. Así como el fuego ayuda a probar y a purificar los metales preciosos, el sufrimiento lo hace con la fe. ¿Qué tan fuerte es aquella fe que ha resistido los más duros embates, comparada con aquella que se derrumbó ante la primera prueba?
Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. (1 Pe 1:6-7)
6. Con el sufrimiento Dios prueba nuestra obra. La obra que no permanece luego de cierto sufrimiento, muy probablemente está basada en fuerzas, emociones o valores humanos. Dichas obras tienen límites humanos y no pueden ser de utilidad para un plan que trasciende a lo eterno.
La obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. (1 Cor 3:13)
7. Con el sufrimiento Dios escoge nuestras amistades. Mucha gente se agolpa alrededor de la gente que prospera y tiene recursos para repartir, pero sólo los verdaderos amigos se mantienen cuando una desgracia sobreviene.
En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia. (Pro 17:17)
8. El sufrimiento nos capacita para consolar a otros. Quienes han sobrellevado una fuerte crisis están mejor capacitados para comprender a quienes les toca pasar por una situación semejante.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (2 Cor 1:3-5)
Y hay más propósitos: con el sufrimiento Dios nos llama al auto examen (Ap 3:19), nos motiva a clamar a él (Sal 9:12), nos da evidencia de la guerra espiritual (Efe 6:11-12), nos ayuda a reevaluar prioridades (Sal 107:17), nos llama a identificarnos con Cristo (Fil 3:10), etc.
Con tan larga lista, debemos dejar de ver al sufrimiento como una maldición y comenzar a verlo como una oportunidad, como algo que nos permita comprender la labor redentora de Jesús. Nótese que el sufrimiento no nos redime per se, no caigamos en la trampa de sentir que merecemos algo después del mismo, sino que atrae nuestra atención hacia lo que verdaderamente vale. Así que (por extraño que parezca) demos gracias a Dios por el sufrimiento.
Etiquetas:
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martes, septiembre 19, 2006
Tiroteo en Escuela
La Noticia
Sólo, sin que nadie lo sospechara, Gill un joven de 25 años apareció de repente en la universidad de Dawson en Canadá, en Montreal, y disparando al azar hirió a varias personas antes de ser abatido a tiros por la policía. Al buscar las razones del por qué de su accionar, la policía encontró que había escrito en su Blog lo siguiente: “Odio este mundo, odio a la gente en él, odio la forma en que vive la gente, odio a Dios, odio a los que engañan, odio a los fanáticos religiosos, odio todo… Odio tanto… (Podría escribir 1,000 líneas más como estas, pero ¿acaso importa, acaso le importa a alguien?)”
Demasiado tarde para que alguien le hubiese dicho que a Jesús le importa. Ciertamente ya no podemos hacer nada por él, pero uno se pregunta ¿cuántos jóvenes como él andan por el mundo odiando? No importa tanto el saber cómo se amargó el alma de este joven y ya es inútil culpar a sus padres, familiares, amigos o videojuegos. Lo importante es saber que existe mucha gente a la que hay que alcanzar antes de que sea demasiado tarde.
El Versículo
El odio de Gill, ¿no habrá comenzado con cierto enojo, algo de gritos mezclados con malas palabras (lenguaje común en Hollywood, me dirán) y escalado en amargura al no existir perdón? Una pequeña semilla de ira transformada en odio frondoso. No dejemos que eso nos ocurra, hagamos nuestro este versículo.
Sólo, sin que nadie lo sospechara, Gill un joven de 25 años apareció de repente en la universidad de Dawson en Canadá, en Montreal, y disparando al azar hirió a varias personas antes de ser abatido a tiros por la policía. Al buscar las razones del por qué de su accionar, la policía encontró que había escrito en su Blog lo siguiente: “Odio este mundo, odio a la gente en él, odio la forma en que vive la gente, odio a Dios, odio a los que engañan, odio a los fanáticos religiosos, odio todo… Odio tanto… (Podría escribir 1,000 líneas más como estas, pero ¿acaso importa, acaso le importa a alguien?)”
Demasiado tarde para que alguien le hubiese dicho que a Jesús le importa. Ciertamente ya no podemos hacer nada por él, pero uno se pregunta ¿cuántos jóvenes como él andan por el mundo odiando? No importa tanto el saber cómo se amargó el alma de este joven y ya es inútil culpar a sus padres, familiares, amigos o videojuegos. Lo importante es saber que existe mucha gente a la que hay que alcanzar antes de que sea demasiado tarde.
El Versículo
Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
Efesios 4.31
El odio de Gill, ¿no habrá comenzado con cierto enojo, algo de gritos mezclados con malas palabras (lenguaje común en Hollywood, me dirán) y escalado en amargura al no existir perdón? Una pequeña semilla de ira transformada en odio frondoso. No dejemos que eso nos ocurra, hagamos nuestro este versículo.
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