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miércoles, junio 10, 2009

Lealtad

Hay quienes dicen que Job es un ejemplo de paciencia. No estoy muy seguro de ello. Me parece que la virtud en la que él destacó enormemente no fue la paciencia, sino la lealtad. Amaba a Dios y aunque se dio cuenta, cuando llegó la desgracia, que Dios estaba detrás, se mantuvo fiel.

Comenzaré por la definición. Según el diccionario de la Real Academia Española:

Lealtad = Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

No puedo reclamar, porque no soy erudito (Editor, ¡abstente de comentarios!), pero esta definición deja mucho que desear. Aunque requiriera un poco más de espacio, yo pondría la historia de Job para que la gente comprendiera a plenitud lo que es lealtad.

Permítanme repasar lo que le ocurrió a Job (Job 1). Job era un hombre rico, casado con 10 hijos, 7 varones y 3 mujeres. Amaba y respetaba a Dios porque todos los días, a su manera, oraba y dedicaba sacrificios. Para evitar que las costumbres de la época se interpongan en la imaginación y eviten la identificación con su persona, voy a parafrasear el relato como si hubiera ocurrido el día de hoy, con el entorno del siglo 21.

Un buen día, mientras todos sus hijos estaban en una fiesta organizada por el hermano mayor, Job recibió la visita de 3 mensajeros. El primero le dijo: “Llegaron asaltantes a la empresa donde está su negocio, Señor, se llevaron todo el dinero de la caja, la mayoría de la mercancía y le prendieron fuego. Todo lo que no se llevaron, se arruinó”. (Editor: ¿Y el seguro? En el siglo 21 hay seguros. Autor: Digamos que olvidaron de renovar la póliza). Inmediatamente después el segundo le dijo: “Cuando todas las camionetas repartidoras de su negocio venían de regreso por la carretera, quedaron atrapadas en medio de una tormenta eléctrica. Todas atrajeron rayos y quedaron calcinadas e inservibles”. (Editor: ¿Y la póliza?) Inmediatamente después el tercero le dijo: “El cobrador de su empresa fue interceptado por asaltantes, robado y asesinado. Toda la cobranza del mes se perdió.” Apenas estaba respirando Job cuando llegó un cuarto mensajero diciendo: “Tembló en la ciudad donde vive su hijo mayor. La casa de su hijo se derrumbó y atrapó a todos sus hijos e hijas. Todos murieron.”

En un pequeño lapso de quizás 5 minutos, Job se enteraba de que había pasado de ser rico, con familia numerosa, a ser pobre, sin recursos y, lo peor, había perdido a sus hijos. ¿Qué pasaría por mi mente en caso de recibir sólo una, la menos mala de tales noticias? No que yo sea rico, pero perder mi auto o ser despedido de mi empleo, iniciaría un ciclo de enojo, depresión y estrés difícil de describir. ¿Perder un hijo? Me resisto siquiera a imaginarlo.

¿Qué haría usted?

¿Qué hizo Job? En un desplante de lealtad inigualable, porque sabía que Dios es todopoderoso y que si le había ocurrido algo así, es porque Él lo había permitido, se postró en el suelo y pronunció una de las más célebres frases en la Biblia:

Lo que dice la Biblia:
Entonces dijo:
"Desnudo salí del vientre de mi madre,
y desnudo he de partir.
El Señor ha dado; el Señor ha quitado.
¡Bendito sea el nombre del Señor!"
(Job 1:21)

Eso es lealtad y es lo que debería estar bajo su definición en el diccionario. Eso es, según la Real Academia, “hombría de bien.”

Al final del libro, Job fue recompensado por su lealtad, pero no deseo que en esta ocasión ese sea el mensaje, sino deseo detenerme en el momento en que a pesar de su tragedia, Job fue leal. Cuando pronunció sus famosas palabras, Job no sabía lo que iba a ocurrir 40 capítulos después. No dudo que cueste mucho trabajo bendecir a Dios en medio de los problemas, pero dada la incapacidad humana para comprender Sus caminos, lo mejor que se puede hacer es precisamente eso, postrarse y exclamar:

“¡Bendito sea el nombre del Señor!”

viernes, agosto 08, 2008

Lanzan Clones Comerciales de Perros

La Noticia:
Científicos de una compañía biomédica privada en Corea del Sur realizaron la primera clonación comercial de la historia y dijeron haber creado cinco perros a partir de tejidos de una mascota muerta… RNL Bio explicó en una declaración que la clonación del perro Booger fue el primero de tipo comercial y que ofrecerá el servicio a clientes en todo el mundo… Los cachorros, presentados este martes en una conferencia de prensa en Seúl, fueron encargados por una granjera de California, Bernann McKinney, quien pagó 50 mil dólares por las copias de su Pit Bull Terrier… "Booger fue mi compañero y mi amigo", dijo McKinney, una ex reina de belleza, quien conservó por casi un año en un laboratorio estadounidense congelado el tejido de la oreja de su mascota para conseguir su clonación… "¡Es un milagro!", gritó una y otra vez McKinney cuando vio los cachorros clonados en un laboratorio de la universidad… (reforma.com)

Comentario:
¿Y si en vez de los cinco perros sólo se hubiera quedado con uno, le hubieran cobrado $10,000 dólares? Creo que la respuesta es no y que fueron cinco perros para aumentar las probabilidades de éxito. No puedo dejar de pensar sin embargo en si la mamá “sustituta” de los perritos no estaba confundida. ¿Cachorros con el mismo ADN huelen diferente? “Tú ya comiste Toti, deja que tu hermanito Titín coma.” “No fui yo, Ma, fue Toto el que comió.” “Me quieren volver loca.”

Y también de repente voy más allá. Si yo me clonara cinco veces, ¿podría escribir cinco artículos por semana? (Editor: Dios me ampare). Pero, ¿serían artículos iguales, o cada clon pensaría su propio tema, o quizás 5 perspectivas del mismo tema?) O quizás sería como aquella película (Multiplicity, creo se llamaba) en que uno de los clones trabajaba, otro se iba a jugar golf, otro hacía trabajos domésticos y otro…, mejor no les cuento qué hacía el otro.

¿Estamos preparados para cinco “yos”? No lo creo. Ni siquiera, y conste que peco de humildad, para cinco Newtons, Einsteins, Mozarts, (antes del etcétera, ponga aquí a su personaje célebre favorito), etc. Es más, no sabríamos ni qué hacer si incluso Jesús fuera clonado y caminara estos días entre nosotros. ¿En vez de panes y peces multiplicaría pizzas y sushi?

Deberíamos reflexionar que si Dios, como creador del ADN y todopoderoso, no ha intentado jamás enviar a un clon de su hijo a la Tierra, ¿porqué nosotros estamos pensando en crear duplicados de gente imperfecta? O como en el caso de la noticia, ¿no raya en el berrinche empeñarse en crear un perro igualito al anterior negando la oportunidad a otro cachorrito, nacido en forma natural, la esperanza de adopción? ¿Y ahorrarse 50,000 dólares en ello?

En otro momento hablaré de la postura bíblica en relación a la clonación y la investigación de las células madre, porque aquí deseo enfocarme exclusivamente en el concepto de alterar el curso natural de la vida. La persona que pagó un dineral (puede tirarlo si lo desea, es suyo ciertamente) no está aceptando la muerte de su mascota y de esa forma está rebelándose ante un hecho que Dios permitió. Y esto sin meternos en los problemas prácticos aún no resueltos (tengo entendido) de la clonación, como el envejecimiento prematuro o la delicada salud de los clones.

Quizás la historia de Job nos inspire como modelo de comportamiento a seguir. Job llevaba una vida próspera hasta que Dios permitió a Satanás acabar con su patrimonio, salud e hijos.

Lo que dice la Biblia:
No había terminado de hablar este mensajero cuando todavía otro llegó y dijo: “Los hijos y las hijas de usted estaban celebrando un banquete en casa del mayor de todos ellos cuando, de pronto, un fuerte viento del desierto dio contra la casa y derribó sus cuatro esquinas. ¡Y la casa cayó sobre los jóvenes, y todos murieron! ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!” Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración. Entonces dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (Job 1:18-21).

El Señor bendijo más los últimos años de Job que los primeros, pues llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo también catorce hijos y tres hijas. A la primera de ellas le puso por nombre Paloma, a la segunda la llamó Canela, y a la tercera, Linda. No había en todo el país mujeres tan bellas como las hijas de Job. Su padre les dejó una herencia, lo mismo que a sus hermanos. Después de estos sucesos Job vivió ciento cuarenta años. Llegó a ver a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Disfrutó de una larga vida y murió en plena ancianidad. (Job 42:12-17).

Job aceptó la situación y no recibió clones de sus hijos e hijas originales como restitución, sino hijos e hijas tales que “no había en todo el país mujeres tan bellas como las hijas de Job.” Avances científicos aparte, ¿qué tan capaces somos de aceptar los designios de Dios con la actitud de Job: “El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!”?