martes, abril 10, 2007

Honor

La palabra honor se deriva del latín honoro que significaba respetar, decorar u ornamentar. Hoy en día muchos países del mundo otorgan condecoraciones a ciudadanos destacados a quienes desean honrar. Según el diccionario, honrar tiene cuatro acepciones: 1) gran respeto, estima que se muestra a otro; 2) nobleza de mente, rectitud; 3) dignidad, especialmente que se otorga a los altos rangos; 4) cortesía social.

Consideremos primero que honor es respetar a quienes están en liderazgo porque representan a autoridades más altas. Uno demuestra respeto en la manera en que responde a las instrucciones recibidas. El concepto de honor está por tanto asociado al de autoridad, porque de una forma u otra, todo mundo se encuentra bajo autoridad y muchos tienen a otros bajo su autoridad.

Un militar cuando se cruza con alguien de rango superior, inmediatamente se pone en atención y saluda, lo conozca o no. Hace esto, independientemente de qué tanto le simpatice dicho superior. ¿Por qué? Porque está respetando las reglas de la institución a la cual pertenecen ambos: el ejército. Y aún más allá, está respetando la Constitución de su país que instauró al ejército con un propósito y misión determinados.

Asimismo, respetar a nuestros jefes inmediatos en el trabajo involucra respetar más que a una persona, a la empresa que nos contrató, a sus fundadores, a la economía en que se encuentra inmersa, al país de la que forma parte y últimamente, a Dios que nos pide mostrar los valores que Jesús ejemplificó.

La Biblia dice en 1 Pedro 2:18-22:
Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Lo que merece aprobación es que alguien, a causa de la conciencia delante de Dios, sufra molestias padeciendo injustamente, pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente.

Hoy en día quizá no tengamos que soportar bofetones de nuestros empleadores, pero es probable que si existan abusos verbales, amenazas de despido, juegos de lealtades y traiciones, etc. Aquí Pedro nos indica en lenguaje de la época que dejemos de murmurar y quejarnos cuando nos asignan trabajos más allá de lo debido. Y esto sin importar si nuestro jefe merece o no respeto. De hecho, el jefe “perfecto” es una figura utópica. Luego de un par de semana bajo las órdenes de alguien, todos los empleados le descubren defectos a sus jefes. Pero también lo consideró Pedro en el anterior pasaje al indicar que “no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.” Si alguien renuncia a un empleo porque el jefe es malo, abusivo, de mal carácter, pedante, o adjetivos similares, pronto descubrirá nuevos adjetivos negativos en su nuevo empleador. El problema no está en el empleador, sino en cómo respondemos nosotros.

¿Qué ocurre cuando la persona en autoridad hace un mal uso de ella? Ciertamente pueden existir empleadores que aparte de mal carácter exhiban comportamiento poco ético, engañen a los clientes, defrauden a las autoridades, eludan los impuestos, etc. Aquí debemos hacer una distinción: son dos cosas diferentes honrar a las autoridades imperfectas y honrar a las imperfecciones de la autoridad. Se aclaró arriba que no existe la autoridad “perfecta” y aún así debemos respetarla. Lo que no debemos hacer es respetar las imperfecciones de ella, esto es, aceptar e imitar el engaño, adoptar la falta de ética como forma de trabajo y excusarnos en el argumento “todos lo hacen así en la empresa”. Debemos actuar en todo momento con honestidad y en congruencia con los valores cristianos. Si nos piden mentir a algún cliente o proveedor, debemos negarnos aclarando que nuestra prioridad es servir a Dios y que realizaremos con gusto cualquier actividad que no vaya en contra de la Palabra de Dios. Debemos honrar primero a Dios.

Sin embargo, en tanto que no se comprometa la honra de Dios, debemos obedecer. Ahora bien, el honor es ir por encima y más allá de lo que exige el deber. A ningún militar le dan una medalla de honor sólo porque obedeció órdenes. Eso es lo que se espera de cualquier soldado en primer lugar. Se reciben medallas por realizar algo extraordinario. Los trabajadores que no están en la guerra, ¿cómo pueden recibir medallas? Lo harán, no necesariamente materiales, entendiendo la misión de la empresa para la cual trabajan y realizando algo extra a favor de la misma. En vez de preguntarse ¿qué tengo que hacer?, preguntarse, ¿qué puedo hacer, qué más puedo hacer? Y, por supuesto, hacerlo, ponerse en acción.

Honor también es otorgar dignidad a quien lo merece. Calvin Coolidge dijo alguna vez: “Ninguna persona fue honrada por lo que ella recibió. El honor es el premio por lo que dio.” El honor se obtiene de muchas maneras.

En el ambiente familiar, los padres merecen el honor por haber cuidado a los hijos. En Éxodo 20:12 dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.” Respetando y obedeciendo cuando estamos sujetos a ellos es una forma de honrarlos, en cuyo caso aplican los principios establecidos antes para quienes están bajo autoridad.

Si ya tenemos nuestra propia familia, existen nuevas formas de honrar a los mayores:

1) Deferir a las preferencias de una persona mayor. En tanto sea posible, respetar las preferencias de los mayores y, aún mejor, anticipar dichas preferencias.
2) Visitarlos con cierta frecuencia, llamarlos y mantenerlos al tanto de lo que ocurre en nuestras vidas, sin importar que estemos pasando por situaciones difíciles. Ellos podrían ser fuente invaluable de consejos si sabemos escuchar.
3) Dar gracias por lo que hicieron en nuestras vidas. Siempre será posible encontrar algún motivo de agradecimiento. Hagámoslo audible.
4) Recordar las fechas importantes en la vida de nuestros mayores. Ellos se sentirán felices de que las compartamos y que les hagamos sentir que también son importantes para nosotros.

Pero Jehová respondió a Samuel:
—No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón
(1 Samuel 16:7)

En el ambiente social debemos honrar el carácter de los demás, sin dejarnos guiar por la raza, condición social u otra señal externa. Es difícil porque siempre tendemos a ver lo negativo en los demás antes que lo positivo y a ver lo externo antes que lo interno. Pero debemos recordar que Dios “mira el corazón”.

Finalmente, si nos toca tener a personas bajo nuestra autoridad, no olvidemos fijar el ejemplo. Respetemos a nuestros superiores (jefes, gobierno e incluso Dios) para poder pedir respeto a nuestros subordinados. Si bien no es una condición, un buen ejemplo facilita las relaciones de autoridad.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

TENGO 24 AÑOS AUN NO ME CASO, SI TENGO PLANES DEBO ASISTIR A LA IGLESIA A LA QUE VA MI MAMÁ?, MI CASI SUEGRA Y EL NOVIO ME HAN DICHO QUE ESTOY EN DESHONRA POR NO IR... ESTO ES CIERTO?

Sergio Alonso dijo...

Como dice el artículo, honor tiene que ver con respeto. Como soltera eres independiente y no tienes por que estar sujeta al marido. Pero si te casas lo estás reconociendo como tu autoridad en el rubro familiar. Lo que debes meditar es si te vas a unir en matrimonio teniendo creencias diferentes. Eso puede generar conflictos serios. La Biblia no lo aconseja: "No os unáis en yugo desigual." Acércate a un ministro experimentado para escuchar un consejo más detallado.

Anónimo dijo...

Hola! Soy una chica de 23 años de edad. Tengo una duda, anteriormente yo pedía consejo a mis pastores por cada decisión personal por más mínima que fuera, esto cuando era más chica. Ahora quiero guardar mi vida personal un poco más y no veo la necesidad de pedir al menos no por el momento consejo alguno pero, mis pastores me dicen que el que yo les oculte mis decisiones personales o vida como tal (la cual considero recta delante de Dios), esto es falta de honor hacia ellos. Tales decisiones no involucran mi vida ministerial ya que ocupo un cargo de liderazgo en la iglesia. Quiero saber sin en verdad el tener derecho a mi vida privada es falta de honor hacia ellos. Gracias

Sergio Alonso dijo...

Mientras no les mientas, los engañes, o estés en pecado, creo que tienes derecho a tu vida privada. Acércate a tus líderes y exprésales con sinceridad lo que tienes en el corazón al respecto. Ellos deben entenderlo y, así como tú los respetas y honras, ellos también deben respetarte. El honor es de dos vías.

Anónimo dijo...

Sergio tu dia esta cerca

Sergio Alonso dijo...

Gloria a Dios. Un día más cerca de mi Señor Jesús. "El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo" (Ap. 21:7) Yo acepté a Jesús y estoy convencido de dónde pasaré la eternidad. La pregunta es, ¿tú lo sabes?

Laura Rendon dijo...

Sergio definitivamente Dios te está usando para su gloria. Cuando el enemigo se levanta y ataca, es porque somos conocidos en el infierno. Dios te bendiga y sigue adelante aconsejando con sabiduría del cielo.