martes, junio 02, 2009

Esfuerzo

Imaginemos la siguiente escena, por muy improbable que parezca:

Es un día nublado de verano (el clima no tiene nada que ver con la historia, pero me gustan los días nublados). Los adolescentes están por la mañana, extrañamente quietos, sentados en sus lugares de costumbre en el salón de clases. El silencio que reina no es gratuito, es día de exámenes finales, así que muchos de ellos, además de silencio, muestran nerviosismo. Un gran porcentaje de su calificación final y el aprobar o no el año escolar, dependerán en gran medida de su desempeño del día.

La nota extraña la pone un padre de familia, vestido con traje y corbata, sentado en uno de los mesabancos, donde normalmente estaría otro estudiante, su hijo. No se sabe si con o sin permiso, pero el padre de familia está dispuesto a presentar el examen por su hijo, el cual requiere una buena nota para aprobar el año. El profesor comienza a repartir los exámenes y efectivamente, entrega uno al padre de familia. Éste ha decidido resolver el examen para salvar el año escolar de su hijo. No tiene duda en que obtendrá al menos un 80/100, puesto que posee un posgrado en ciencias.

¿Qué tiene de estrambótico la escena? Dejando de lado el aspecto de que el profesor no lo permitiría, ningún padre de familia aceptaría hacer un examen en lugar de su hijo para que este obtenga buena calificación…

(Editor: ¡Cof! ¡Cof! ¿No estarás presumiendo algo que no lograrías?)
(Autor: Estamos hablando de un examen de secundaria y de alguien con un posgrado)
(Editor: ¿Capital de Botswana?)
(Autor: Dije que más de 80, no que 100)
(Editor: ¿La función de la Mitocondria?)
(Autor: ¿Entiendes el punto?)
(Editor: ¿Autor de La Celestina?)


¿Por qué? Porque deseamos que nuestros hijos enfrenten sus retos y aprendan habilidades indispensables para su edad adulta.

Una de las quejas más frecuentes entre los cristianos es “si acepté a Jesús, leo mi Biblia y oro frecuentemente, ¿por qué me va mal en…?” Aquí, en lugar de los puntos suspensivos, generalmente escuchamos: mis finanzas, mi salud, mis relaciones, mi familia, etc.

Todo proviene de una mala comprensión del poder de Dios. Por supuesto que Dios es todo poderoso y podría solucionar todos nuestros problemas si quisiera, pero simplemente prefiere que nosotros los enfrentemos para aprender, para madurar o simplemente para forjar carácter. Sabemos de la historia de Josué (Josué capítulo 1) que Dios le garantizó la victoria, pero no lo libró de ir a la batalla. ¿No hubiera sido más sencillo que Josué esperara en su tienda mientras Dios peleaba por él?

De la misma manera en que no aceptaríamos ir a la escuela en lugar de nuestros hijos para realizar sus exámenes y que así aprobaran el año escolar sin esfuerzo, Dios tampoco aceptaría pelear todas nuestras batallas en lugar nuestro, porque simplemente no obtendríamos beneficio alguno.

Lo que dice la Biblia:
Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. (Josué 1:5-6).

Leemos que Dios alienta a Josué primero diciéndole: “Yo estaré contigo,” pero después le indica: “Esfuérzate y sé valiente.” Claramente Dios estaba enfatizando que el problema no iba a desaparecer mágicamente, Josué tenía que pelear. Así que estemos conscientes, la próxima vez que enfrentemos un problema (y lo haremos tarde o temprano), de emplear nuestro mejor esfuerzo, porque la victoria, en cualquier forma que se presente, está garantizada por Dios.

3 comentarios:

balincito mera dijo...

exelente me ha hecho reflexionar....

Anónimo dijo...

Magníficas palabras. Confirman que Dios está al amparo de sus fieles, sin embargo estos (nosotros) deben poner de su parte esfuerzo y perseverancia. Oración y acción en resumen. Dios los bendiga.

Marco Gonzales dijo...

Me estremeció tremendo desglose de la palabra....DIOS LOS BENDIGA...!!!