martes, marzo 18, 2008

Amor

Gálatas 5:22-23

Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Si quiere saber cuáles son mis versículos favoritos en la Biblia, helos aquí. Léalos de nuevo, son hermosos. Después de los frutos “malos” (Gálatas 5:19-21), leer, conocer, hacer propios estos versículos es motivador. ¿Quién podría rechazarlos? ¿Quién no quisiera tener (esperando que no esté en ceros) más amor, alegría y paz? ¿Quién no quisiera ser más (otra vez, esperemos que el marcador no esté en ceros) paciente, amable, bondadoso, fiel, humilde y controlado?

Hay un par de cosas a considerar. Primero, todas estas características no pueden ganarse con esfuerzo propio. Tienen que venir como consecuencia de aceptar y seguir a Jesús. Ciertamente usted puede auto lavarse el cerebro y repetir “paciencia, paciencia” ante una situación exasperante, pero ¿sabe qué? Sólo está posponiendo una terrible erupción. Tampoco puede tener más paz con esfuerzo propio (ignore a todos esos budistas, maestros de yoga, filósofos del zen, etc., que dicen que con meditación puede usted lograr paz). La paz sólo viene de Dios y no es por méritos que se obtendrá alguno de estos elementos. Así que si tiene alguno de ellos, no presuma, sino agradezca a Dios.

Segundo, eso de que no hay ley… ¿de qué se trata? Dios envió la ley y los hombres fuimos incapaces de cumplirla. Gracias a Dios que después envió a Jesucristo y posteriormente al Espíritu Santo, porque gracias a ellos el objetivo no es ya el cumplir la ley, sino aceptar a Jesús, recibir al Espíritu Santo y cumplir la ley como una consecuencia y ya no como una imposición.

Comencemos con el primer elemento: Amor. ¿Por qué es el primero? Sencillamente porque Dios es amor. Muchos hemos escuchado esa frase, pero exactamente, ¿qué quiere decir “Dios es amor”? Para empezar, debemos reconocer que Dios nos lo ha dado todo y lo podemos apreciar de muchas maneras en la naturaleza:

1) La Tierra: Dios la preparó perfectamente para que nosotros viviéramos. ¿Qué padre amoroso no desea dejar una casa agradable como herencia para sus hijos? Dudo que alguien pueda negar que la Tierra sea un hermoso lugar. Si en alguna parte está sucia, contaminada o desarreglada, es por nuestra culpa y no la de Dios.

2) La vida: Es evidente que Dios se esmeró en este rubro. ¿No le maravilla que una cortada cicatrice y regenere la piel en pocas semanas? Las características hereditarias, los rasgos diferentes de cada ser humano, la capacidad del cuerpo para defenderse de enfermedades, la habilidad de los sentidos para percibir el entorno, las profundidades del cerebro… ¿se requiere decir más?

3) Armonía: Dios creó el universo con la idea de la armonía y el balance en la mente. Podría parecer un tanto cruel que los depredadores cacen, maten y se alimenten de especies inferiores, pero sin ese esquema, la sobrepoblación de alguna especie pronto causaría estragos. Tanto el cielo, como el mar, los bosques, los desiertos, etc., poseen dicho balance y es nuestra tarea asimilar y comprender que deberíamos apoyarlo en lugar de destruirlo.

4) Su hijo: Si acaso fuera poco todo lo anterior, Dios además entregó a su hijo para que no nos perdiéramos. A nosotros que hemos contaminado el planeta que nos regaló, que hemos asesinado y sido la causa de la aparición de muchas enfermedades por no cuidar la vida, que alteramos la armonía de la naturaleza exterminando especies animales y vegetales, que aún muchas veces negamos su propia existencia. ¡Sólo un gran amor nos perdonaría y permitiría el sacrificio de su hijo! (Juan 3:16)

La humanidad necesita amor.
El pecado entró al mundo con Adán y muy pronto un cuarto de la humanidad se volvió mala (consideremos que cuando vivían solamente Adán, Eva, Caín y Abel, el hecho de que Caín asesinara a su hermano, representaba un porcentaje alto de la población y eso sin considerar que al fallecer Abel, en realidad fue un tercio de la población)

Entonces Caín respondió a Jehová:
-Grande es mi culpa para ser soportada. Hoy me echas de la tierra, y habré de esconderme de tu presencia, errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me encuentre, me matará.
Le respondió Jehová:
-Ciertamente cualquiera que mate a Caín, siete veces será castigado.
Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matara cualquiera que lo encontrase.
(Génesis 4:13-15)

Dios mostró amor aún a Caín. ¿Lo hubiera mostrado la humanidad?

No se menciona qué tipo de señal otorgó Dios a Caín. Si la historia hubiera ocurrido hoy en día, seguramente hubiera sido una de esas pulseras que permiten a los huéspedes acceso a las instalaciones de los hoteles, o un brazalete con localizador satelital. Quizás nunca sabremos cómo fue marcado Caín, pero es probable que Dios tenga preparada una credencial para cada uno de nosotros, si decidimos aceptarla.

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros (Juan 13:34-35).

Ahí está nuestra credencial, gafete, brazalete, como le quiera llamar: “si tenéis amor los unos por los otros.”

¿Qué impide que un gran porcentaje de la humanidad pertenezca a este club? No se requiere de mucha ciencia para descubrir la respuesta. El gran impedimento al amor es el egoísmo. El egoísmo es la gran maldición de la humanidad, ya sea a nivel personal destruyendo familias (los divorcios son por falta de "espacio", cansancio, necesidades propias, etc.), o a nivel país, creando conflictos por más recursos, territorio o poder.

Muchas veces nos volvemos a Dios y le pedimos por nuestras finanzas, salud, promociones, poder, influencia, etc., pero jamás nos acordamos de pedir ayuda para "librarnos de nosotros mismos," para descubrir el propio egoísmo y poder librarnos de él.

El gran impedimento al amor es el egoísmo. Pero he aquí una paradoja. ¿Qué elimina el egoísmo? El amor. Regresemos a la cita: “El fruto del Espíritu es amor...”, ¿Por qué? Porque nada quita el egoísmo de las personas más que el amor. Pero no podemos amar porque lo impide el egoísmo, ¿cómo salimos de esta paradoja? Sólo gracias a Dios.

El fruto del Espíritu es un regalo de Dios. No tenemos que ganarlo, sino aceptarlo.

Lo que dice la Biblia:
Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros (1 Juan 4:12)
Si alguno dice: “Yo amo a Dios", pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (1 Juan 4:20)

¿Intentamos amar, pero no podemos? Aquí puedo escuchar algunas objeciones: “No conoces a Juan (María), es imposible de soportar”, “Lo perdono, pero hasta ahí,” “Amarlo está más allá de mis fuerzas.”

Ciertamente está más allá de nuestras fuerzas.

Entonces Ben-adad, rey de Siria, reunió a todo su ejército. Llevaba consigo a treinta y dos reyes con caballos y carros. Subió contra Samaria, le puso sitio y la atacó. Luego envió mensajeros a esta ciudad, a decirle a Acab, rey de Israel: “Así ha dicho Ben-adad: "Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hermosos hijos son míos"”. El rey de Israel respondió: “Como tú dices, rey y señor mío, yo soy tuyo, así como todo lo que tengo” (1 Reyes 20:1-4)

La clave es, así como Acab, “Rendición Absoluta”. Necesitamos rendirnos a Dios. Dios no puede usarnos, si nuestra voluntad se encamina en otra dirección de la que Él desea. Imaginen un auto con dos conductores y los dos con deseos diferentes en cuanto el destino. Caos.

Al rendirnos totalmente, Dios nos dará la capacidad de amar. ¡Paradoja resuelta!

1 comentario:

Oliver dijo...

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Grupo Gospel