domingo, marzo 15, 2015

Contra Corriente

Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia (1 Pedro 1:14).

¿Le ha tocado presenciar cómo un río arrastra las cosas a su paso? Se requiere una gran energía para que algo vaya contra la corriente. Por ejemplo, los salmones viajan contra corriente para llegar al lugar donde se reproducirán. Claro que lo hacen a gran costo y corriendo incontables riesgos.

El cristiano es como un salmón viajando a contra corriente del río de la vida. Las modas, los compañeros, los familiares no cristianos, están constantemente influyendo sobre él para que viaje con la corriente. Por ejemplo, la corriente natural es que los compañeros de escuela presionen a los cristianos a beber alcohol, a tener sexo, a jugar en forma violenta, a hacer trampa en los exámenes y tareas, etc. Si un joven cristiano intenta oponerse y buscar ir contra la corriente, es tildado de aburrido, mojigato o aguafiestas.

Ciertamente es difícil ir contra la corriente porque nadie quiere ser un mojigato o aguafiestas, ¿cierto? Entonces, ¿qué puede hacer el joven que busca ir contra corriente? El salmón lo logra porque tiene impreso en su cerebro una misión muy importante que lo motiva. De igual forma, los cristianos deben identificar que la misión es “ser santo” (“Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó,” 1 Pedro 1:15) y con la ayuda de Dios conseguirán ir contra la corriente de este mundo.

¿Es difícil? Por supuesto, pero ¿qué mérito existe en dejarse llevar por la corriente? Lo hacíamos antes de conocer a Jesús. Ahora la misión, si decidimos aceptarla, es… “ser santo.”

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