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viernes, octubre 12, 2018

Se suicida en Francia el Chef Anthony Bourdain


Bourdain, de 61 años y quien había confrontado problemas de alcoholismo, decidió ahorcarse en su habitación conforme se encontraba en la quinta temporada de su programa, donde recorría el mundo en busca de experiencias gastronómicas únicas… (excelsior.com).

¿Cómo puede alguien, famoso, con un empleo fantástico (le pagaban por viajar, conocer culturas, probar platillos de diferentes países) suicidarse? Es difícil entenderlo, pero ocurre. De hecho, días antes se había suicidado una famosa diseñadora de modas. ¿Qué pasa por la mente de un suicida?

Es difícil que seamos capaces de entender cada caso individual. No nos toca juzgar, criticar o reprender. Cada persona tiene su propio andar por esta vida. Razones que dan los especialistas varían: tristeza, depresión, soledad, alcoholismo, drogadicción, remordimientos, conflictos interpersonales, se suman a las que comúnmente ofrecen los religiosos: pecado y separación de Dios.

Sin duda existen beneficios en decretar un diagnóstico para cada caso, tan solo por mostrar a la persona que está sufriendo que nos importa su situación. Hay que escuchar y atender, pero es vital mostrar que más allá del interés humano y las soluciones humanas, está Dios. Que la respuesta está en Cristo.

Por supuesto no basta con mencionar su nombre. La persona con suicidio en mente, o no cree en Dios, o está desilusionado de Él, o está cansado de buscarlo a su manera. Cualquiera que sea el caso, quizá no sea receptivo y va a requerir devoción, resolución y paciencia presentarle el Evangelio. Si alguien le hubiera hablado así de Cristo al Chef Bourdain…

Quizá no haya un Chef en depresión cerca de nosotros, pero si la tasa de suicidios que va en aumento es correcta, hay alguien cercano a quien debemos presentar pronto y más de una vez, las buenas nuevas.

Lo que dice la Biblia:
¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas! (Romanos 10:15b).


martes, abril 10, 2018

Resplandece

¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor brilla sobre ti! (Isaías 60:1)

Si bien en este capítulo el texto está dedicado a Israel, no es remoto ni descabellado hacerlo propio en tanto el objetivo del mensaje no se desvirtúe: esparcir la gloria del Señor Jesucristo. Esto es, si la gloria del Señor brilla en nosotros, no es para hacernos famosos, destacar en este mundo o llenarnos de soberbia. Es para esparcir el mensaje de salvación.

Note que la primera parte es una instrucción o tal vez un mandato, incluso, una orden: ¡Levántate y resplandece! Lo primero que debemos hacer es levantarnos. Hacer algo por el reino, poner un esfuerzo, algo de nuestra parte para luego recibir la luz del Señor y resplandecer. Viene a la memoria aquel mensaje que recibió Josué: “Esfuérzate y sé valiente…” (Josué 1:6a). Dios le dio instrucciones a Josué y lo motivó diciéndole que estaba de su lado. Aún así Josué tuvo que ir a la batalla.

¿Podía el Señor diezmar a los enemigos de Josué con una legión de ángeles? Podía, pero no era parte de sus planes. Él necesita que los hombres estén involucrados en la batalla de todos los tiempos. Josué respondió positivamente en su momento. Fue a la guerra y tomó posesión de la tierra de Canaán. Hoy en día nos toca a nosotros.

Gracias a Dios que no se trata de una batalla física, sino de una espiritual, pero de la misma manera tenemos que combatir a un enemigo. Igual que en los cuentos de hadas cuando el héroe va a rescatar a la princesa de las manos del dragón, nosotros debemos rescatar almas de las manos de Satanás. Si cree que el Diablo va a ir a entregarse dócilmente a donde usted se encuentra cómodamente acostado, va a sufrir una desilusión. Hay que levantarse e ir a la lucha. Debemos poner nuestra disposición a las órdenes del plan del Señor.

Y entonces resplandeceremos y la luz del Señor brillará en nosotros. Tendremos honor en donde vale la pena tenerlo: en el Reino. La fama en el mundo es vanagloria temporal e improductiva. Haga tesoros eternos: ¡Levántese y resplandezca! Es una orden.

martes, mayo 20, 2014

Merecer

Lo que dice la Biblia:
¡El mundo no merecía gente así!  Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas (Hebreos 11:38).

¿Ha visto alguna vez la entrega de los Óscares, la premiación de medallas olímpicas, el trofeo que se entrega a los campeones de eventos deportivos? Quizás ha visto la lista de las 10 celebridades más famosas, los mejores cantantes, los mejores autores… Parece que en el mundo existe un grado de competencia enfermizo para ser el mejor en alguna disciplina o área. Hay una lista de honor para todo: el empleado del mes, el profesor mejor evaluado, el vendedor estrella, etc.

El mundo reconoce y honra a su manera a quien destaca en las actividades mundanas. Hay una lista, sin embargo, que opaca por mucho el ganar un Óscar: la lista mencionada en Hebreos 11. En ella se mencionan a los campeones de la fe quienes van a tener una recompensa eterna, no un diploma que durará el suspiro que es la vida. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Rahab, David, Salomón, entre otros, están en esta lista. La buena noticia es que la lista no está terminada y que hay aún espacio para que podamos ingresar nosotros a ella. La condición es simple, que no sencilla: tener una fe especial.

No nos confundamos, no es malo estar en una lista de honor humana, pero sin duda es mejor mil veces estar en la de Dios. Que la fama del mundo no nos robe el sueño, porque es a Dios a quien tenemos que impresionar. Y recuerde que Él no se impresiona con sacrificios, trabajo, flagelaciones o sufrimiento. Lo importante para Dios es la fe que tenemos. Como dice Hebreos 11:38, el mundo no merece gente con fe. Dios sí.