jueves, marzo 22, 2018

El Reino de Dios

Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo iba a venir el reino de Dios, y él les respondió:
“La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos. No van a decir: “¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!” Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes.” (Lucas 17:20-21).

La mente de los humanos tiene en ocasiones ideas tan preconcebidas que nos impide entender verdades eternas. Probablemente la cita de Lucas sea uno de esos casos. Sentimos que estamos en un viaje para llegar al Reino de Dios. Que el Reino de Dios es un sitio, más que una situación, al cual nos dirigimos desde aquel momento en que confesamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador.

¿Ha tomado el auto con sus hijos rumbo a un sitio vacacional? ¿Cuánto tiempo transcurrió hasta que uno de los pequeños preguntó: “¿Falta mucho?”? Resulta que como cristianos sentimos que “Falta mucho” para llegar a ese sitio en que nuestras enfermedades serán curadas, nuestros problemas resueltos, nuestra economía sanada, nuestro carácter domado, nuestras debilidades controladas, y un largo etcétera. La gracia de Dios será sobreabundante cuando lleguemos al Reino de Dios, decimos. Y nos equivocamos.

“Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes.” Escribió Lucas y lo que fue cierto en su tiempo, aún lo es hoy en día. Entonces resulta que estamos en un largo viaje empreñados a llegar a ser como Cristo, pero resulta que es un viaje de exactamente “Cero kilómetros,” es más, “Cero metros,” porque la verdad ya está en nuestros corazones. Lo único que hace falta es que la comprensión, “la verdad,” nos haga libres. Si lo quiere poner en términos populares, “que nos caiga el veinte” pues.

Si usted pregunta, ¿entonces por qué tantos problemas, enfermedades, falta de dinero, mal carácter, etc., si el Reino ya está aquí?, recordemos las palabras de Pablo:

Lo que dice la Biblia:
Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero Él me dijo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Corintios 12:7-10).

Estamos tomando un largo viaje a un sitio muy cercano.

1 comentario:

Silvia leyendo dijo...

Gracias Sergio. Hacía días que no visitaba tu blog.Saludos.