martes, febrero 23, 2021

Conversaciones Necias

 “Los cuentos obscenos, las conversaciones necias y los chistes groseros no son para ustedes. En cambio, que haya una actitud de agradecimiento a Dios” (Efesios 5:4, NTV).

Tenemos aquí a Pablo dirigiéndose a los creyentes del primer siglo en Éfeso. Pero bien podría estarse dirigiendo a un grupo de jóvenes universitarios luego de escucharlos hablar sobre el “influencer” de moda en YouTube, la película más reciente de Hollywood o repitiendo el chiste del momento. ¿Para hacer las historias divertidas se tiene que recurrir a lo vulgar, lo sarcástico, lo sensual, lo grosero?

 Tengamos cuidado porque los cristianos representamos a Cristo ante el mundo. Los dos primeros versículos de Efesios 5 inician así: “Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios” (Efesios 5:1-2, NTV).

 ¿Cómo le estamos representando? ¿Con qué cara podemos decir que somos sus hijos? ¿Las personas a nuestro alrededor son atraídas a Jesús cuando nos conocen? ¿Nos observan y nos dicen “¿Qué tienes adentro? ¡Queremos ser como tú!”? ¿Despedimos ese aroma agradable a Dios que menciona Pablo, o… ¡Apestamos a vulgaridad!?

 Suena tal vez fuerte, pero recordemos que el nacimiento de Jesús fue precedido por anuncios de ángeles. ¿Cómo podemos hablar de Jesús si nuestra boca ha estado llena de groserías, chismes y conversaciones necias?

 Por el contrario, seamos esos ángeles, llenemos nuestro interior del Espíritu Santo y desbordemos su fruto: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. Así cuando la gente nos conozca de cerca, no nos preguntará…, nos exigirá que les expliquemos por qué somos diferentes. ¡El mejor evangelista es el imitador de Cristo!

jueves, octubre 22, 2020

Alas como Paloma

 “Si tan sólo tuviera alas como una paloma, ¡me iría volando y descansaría!” (Salmos 55:6).

 ¿Alguna vez ha estado en cierta situación de la cual desearía escapar y descansar? Si es usted un estudiante, ¿tal vez un examen para el cual no estudió? Si tiene dificultades financieras, ¿tal vez al recibir el estado de cuenta de la tarjeta de crédito? Si tiene familiares conflictivos, ¿tal vez en medio de alguna discusión?

 En el caso del Salmo 55, el autor, David, expresa que fue traicionado por un amigo y le dolió mucho. “No es un enemigo el que me hostiga, eso podría soportarlo. No son mis adversarios los que me insultan con tanta arrogancia, de ellos habría podido esconderme. En cambio, eres tú, mi par, mi compañero y amigo íntimo” (Salmos 55:12-13). ¿Alguna vez lo decepcionó su pareja o un amigo(a)?

 Es entonces que David escribió: “Si tan sólo tuviera alas como una paloma…” Y quizás todos nosotros nos hemos sentido alguna vez así, con deseo de escapar, de no ver a la persona que nos decepcionó, de no hablarle. Sin importar si fue algo grande, como una traición de amor, o algo pequeño, como una no-invitación a cierta reunión. Queremos huir, aunque la gente a nuestro alrededor nos diga que todo será superado, que todo se resolverá. “¡Me iría volando y descansaría!” dice el Salmo.

 Pero huir no es la solución. Ni siquiera si vamos al desierto. “Volaría muy lejos, a la tranquilidad del desierto” (Salmos 55:7). La clave está en retirarnos un poco para reflexionar y orar, porque la solución al problema, cualquiera que este sea, sin importar que nos parezca una montaña insuperable en un momento dado, está en Dios. Notemos que el Salmo 55 termina con esperanza para los que depositan su confianza en Dios: “Entrégale tus cargas al SEÑOR, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan” (Salmos 55:22).

 ¿Qué tan grande es tu problema? ¿Más que Dios? ¡No es cierto! “¡Entrégale tus cargas al Señor…!”

viernes, octubre 02, 2020

Vasijas de Barro

 Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros (2 Corintios 4:7).

 ¿Cuál consideramos que es nuestro más preciado tesoro? ¿Nuestra casa, por la cual sufrimos con esa hipoteca tan larga? ¿Nuestro auto, el cual conseguimos luego de varios intentos y el cual lavamos y enceramos con mucho cuidado? ¿Nuestro celular, ese de la marca más prestigiada y que no vacilamos en sacrificar otras cosas para poderlo adquirir? ¿Nuestras alhajas, ese reloj, anillo y demás que heredamos de nuestros padres y ellos de nuestros abuelos? O incluso, ¿esos recuerdos, de aquel viaje, aquel concierto, aquella fiesta? ¿Cuál es nuestro más preciado tesoro? Y, tal vez más importante aún, ¿lo tenemos asegurado contra robo, extravío o mal funcionamiento?

 Cualquier cosa en la que hayamos pensado es, sin duda, la que mayor valor (monetario o sentimental) tiene para nosotros o la que más nos costó adquirir. Pero si usted es cristiano, probablemente su respuesta giró alrededor de Dios, Jesucristo y la salvación. ¡Felicidades! Porque esto no requiere seguro.

 Y es a lo que se refiere el autor de 2 Corintios. Que este gran tesoro, la luz de Dios en nuestros corazones, está en nosotros. Y nosotros somos vasijas de barro.

 Esta es una comparación extraordinaria que nos debe llenar de humildad. Pensemos en esa imagen de piratas que encuentran un gran tesoro en una cueva. Oro, joyas, monedas, etc., todo ello en vasijas de barro. Por supuesto que los piratas se llevarán las vasijas, pero sólo por su contenido. Si encuentran alguna vasija vacía, ¿acaso se la llevarán? Por supuesto que quedará abandonada. Moraleja: nuestro valor proviene de Dios. Sin Él, estamos vacíos.

 ¿Nuestro tesoro es nuestra fuerza física, nuestra mente ágil, nuestro carácter carismático, nuestra inteligencia superior…? Reflexionemos de nuevo. ¿Nuestra cuenta en el banco, nuestro empleo seguro, nuestra independencia financiera…? No nos equivoquemos. Somos vasijas de barro y cualquier cosa de valor que poseamos TEMPORALMENTE, “…viene de Dios y no de nosotros.” Entonces, no nos quedemos vacíos. Llenémonos de Dios.

martes, septiembre 08, 2020

Consolación

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren (2 Corintios 1:3-4).

 Nadie puede entender mejor a quien acaba de perder un ser querido luego de una larga batalla contra el cáncer que quien pasó por lo mismo tiempo atrás. Nadie entiende mejor a quien está batallando con quimioterapias, que quien las padeció y sobrevivió. Una viuda puede comprender a una esposa cuyo marido acaba de fallecer. Una mujer abandonada por el marido a causa de una aventura puede entender el sentimiento de traición de una esposa que acaba de enterarse del adulterio de su marido.

 ¿Ha sufrido alguna tragedia, pena dolor? ¿Quién no? ¿Recibió consolación por parte de Dios? Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación. Tarde o temprano Dios nos sana (o nos sanará).

 Y si Dios nos ayudó y nos consoló en todas nuestras tribulaciones, estamos capacitados para consolar a los que sufren. ¿Superamos la pérdida de un ser querido? Ayudemos a quienes apenas están en el dolor. ¿Sobrevivimos una enfermedad complicada? Consolemos a quienes están luchando con los síntomas y/o el tratamiento. ¿Superamos la traición de alguien cercano? Apoyemos a quienes tienen el corazón destrozado por algo similar.

 ¿Creíamos que nuestro sufrimiento había sido en vano? Dios lo permitió para que estuviéramos en la posición perfecta para apoyar a gente en condición similar. Si Dios nos consoló, agradezcamos ayudando a otros. Como dice el versículo: Con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.

 ¿Qué fue lo que sufrimos? ¿Crisis financiera, depresión, enfermedad, traición, soledad…? Hay alguien por ahí pasando por lo mismo. ¿Qué esperamos? ¡Consolemos a los que sufren!

viernes, agosto 14, 2020

Envidia

 “No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto” (Salmos 37:1-2).

 Es inevitable sentir cierta molestia cuando leemos acerca de gente corrupta que se hace con contratos millonarios. Pensamos cosas como “Nosotros que trabajamos dura y honestamente y apenas ganamos lo suficiente…” “Ellos deberían estar en la cárcel y sin embargo viven como reyes…” y otras similares. Narcotraficantes, políticos corruptos, jueces que se venden, empresarios sin ética, etc. La lista es larga. Y va desde contratos multimillonarios hasta el compañero de trabajo que se embolsa todas las galletas dejando sin nada a los demás.

 Como bien dice el versículo: “No te irrites de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias” (Salmos 37:1). Las cosas mal habidas no causan satisfacción perdurable. Veamos cómo continúa el Salmo: “porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto” (Salmos 37:2). Eventualmente quienes cometen injusticias pagarán su cuenta. No nos confundamos, Dios lleva un registro detallado de todas las actividades. ¿Cuántas gigas tiene disponibles Dios en su centro de información? ¡Vamos! ¡Todas las “nubes” del universo están a su disposición!

 Entonces, no envidiemos. Y mejor observemos los dos versículos siguientes del Salmo 37:

“Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón” (Salmos 37:3-4). Y, por supuesto, desterremos al dinero de entre los deseos de nuestro corazón. Hay cosas mucho más importantes: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, humildad, autocontrol…

 “Confía en el Señor y haz el bien…” Ahí está el antídoto contra la envidia.

jueves, junio 04, 2020

Júbilo


Nuestra boca se llenó de risas; nuestra lengua, de canciones jubilosas. Hasta los otros pueblos decían: «El Señor ha hecho grandes cosas por ellos». Sí, el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y eso nos llena de alegría (Salmos 126:2-3).

¿Ha observado lo fácil que es para los niños pequeños reír? Cuando se reúnen para jugar, es muy probable que pronto los escuchemos reír a carcajadas por cualquier cosa. ¿Supongo que también ha notado que conforme fuimos creciendo, cuando nuestras responsabilidades aumentaron, cuando más personas comenzaron a depender de nosotros, nuestra capacidad para reírnos fue disminuyendo?

Es natural que cuando los períodos de trabajo (en el empleo y en el hogar) aumentan, los períodos de entretenimiento (con amistades y familiares) disminuyan. Pero ¿debemos resignarnos a esto? ¿No hay algo que podamos hacer?

No nos vayamos por el lado equivocado al responder. De todos modos, tenemos que trabajar y no podemos eludir nuestras responsabilidades. No es por ahí. El punto es incluir a Dios en nuestras vidas. Repasemos la segunda parte del versículo: “Sí, el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y eso nos llena de alegría”

Esto es una gran verdad. Recordemos todo lo que ha hecho el Señor por nosotros: nos dio vida, nos dio los sentidos, nos dio un hogar, familia, amigos, una congregación de hermanos, alimentos, etc. No demerite ninguna de las cosas anteriores alegando que su pareja no es perfecta, que su auto tiene fallas mecánicas, que su cuerpo padece cierta enfermedad, que algunos de sus amigos le dan la espalda, etc. El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y nosotros debemos apreciarlas en lugar de ver los detalles grises que sin duda representan una lección para nuestro crecimiento espiritual.

Tan grandes cosas el Señor ha hecho por nosotros que hasta los extraños nos ven con envidia. “Hasta los otros pueblos decían: «El Señor ha hecho grandes cosas por ellos»” ¿No sonríe cuando se toma una selfie? Cuanto más sabiendo que al tener al Señor de nuestro lado, los demás nos observan: “Nuestra boca se llenó de risas; nuestra lengua, de canciones jubilosas” ¡A derrochar júbilo, que el Señor está con nosotros!

domingo, febrero 16, 2020

Sin Temor

El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes (Deuteronomio 31:8).

Son palabras de Moisés expresadas a quien sería su sucesor en la dirección de los israelitas en su marcha hacia la Tierra Prometida. ¿Las podemos hacer nuestras? ¡Sin duda! Ciertamente no iremos a la guerra al frente de soldados mal entrenados, sin más armas que palos y piedras y además poco motivados para la lucha, pero tenemos nuestras propias batallas. Por ejemplo debemos representar a nuestra empresa en presentaciones de ventas con un equipo de empleados que no sabemos si responderá a la hora de la entrega, tenemos que ir a la sala de producción con equipo en mal estado, debemos atender a clientes con limitaciones de espacio y utensilios, tenemos que impartir clases a estudiantes distraídos y que preferirían estar en cualquier otra parte, y un largo etcétera según el área en que se desenvuelva su trabajo.

¡Qué oportunas son entonces las palabras de Moisés! “El Señor mismo marchará al frente de ti…” Suena tan bien que incluso no lo creemos. Dudamos que aplique a nuestra situación particular. Sin duda creemos en Dios, pero decimos: “Dios no va a estar en la empresa cuando llegue a trabajar por la mañana, no va a estar ahí cuando el jefe nos llame la atención por las bajas ventas, sin duda tiene cosas más importantes que hacer…” Creemos que Dios nos defenderá de nuestros enemigos, sin duda del diablo, pero en lo que hacemos todos los días, pues tal vez no…

Es importante que leamos con detalle el versículo porque también dice lo siguiente: “NUNCA te dejará ni te abandonará…” (énfasis propio). Y NUNCA quiere decir en la casa y en la oficina, en la calle y en el auto, con el jefe y con los clientes, con los compañeros y los amigos, con los familiares y vecinos, esto es, todo el tiempo estará con nosotros.

Si estamos conscientes de esto, incluso el final del versículo sale sobrando: “No temas ni te desanimes.” ¿Quién podría desanimarse si sabe que Dios ha estado al frente de él todo el día, todos los días? ¿De qué podríamos tener miedo?

Por supuesto que el hecho de que Dios está con nosotros no significa que no tenemos que trabajar. Josué tuvo a Dios de su lado, pero aún así tuvo que ir a la guerra. ¡Tenemos que ir a trabajar! La diferencia está en que lo haremos sin temor, contentos, motivados al saber que Dios va al frente de nosotros, inspirados, dispuestos a dar lo mejor de nosotros… ¡No nos puede ir mal! ¡Haga propio este versículo!

sábado, noviembre 23, 2019

La Vida es un Suspiro


¡Setenta son los años que se nos conceden! Algunos incluso llegan a ochenta. Pero hasta los mejores años se llenan de dolor y de problemas; pronto desaparecen, y volamos (Salmos 90:10).

No parece ser el mejor versículo para meditar el día que uno cumple sesenta y… tantitos años. Pero la muerte es inevitable (en esta tierra al menos) y sin importar la edad, es conveniente meditar en la brevedad de la vida con propósito. El autor del Salmo 90, Moisés, así lo hizo. Incluso cuando en su época la gente vivía un poco más. Matusalén vivió 969 años, pero luego Dios redujo el tiempo de vida: “Entonces el Señor dijo: «Mi Espíritu no tolerará a los humanos durante mucho tiempo, porque solo son carne mortal. En el futuro, la duración de la vida no pasará de ciento veinte años»” (Génesis 6:3). Muy probablemente el estrés de la vida moderna impide a la mayoría de nosotros llegar a los 120.

Moisés sí cumplió los 120 años (Deuteronomio 34:7) y además con buena vista y vigor. De todas maneras, escribió sobre los años de vida: “Pronto desaparecen y volamos…” Entonces, debemos entender que la vida es breve. Nótese que no es para quejarnos, sino para tomarlo como una oportunidad. Oportunidad de conocer a Dios.

También David reflexionó sobre ello. El Salmo 39:4-5 dice: «Señor, recuérdame lo breve que será mi tiempo sobre la tierra. Recuérdame que mis días están contados, ¡y cuán fugaz es mi vida! La vida que me has dado no es más larga que el ancho de mi mano. Toda mi vida es apenas un instante para ti; cuando mucho, cada uno de nosotros es apenas un suspiro»

Al entender que nuestros días sobre la tierra están contados y que debemos hacernos un tiempo para contemplar la magnificencia de nuestro Dios, para establecer una relación con nuestro Señor Jesucristo y para hacer algo por Su Reino mientras estemos con fuerza y habilidades, pues tiene sentido, mucho sentido, que entendamos la brevedad de la vida.

¿Qué está haciendo con su precioso tiempo? ¿Lo importante? ¿Lo realmente importante? ¿O está caminando a ciegas, sin saber a dónde se dirige, ni cuándo llegará a un destino del cual no tiene idea? Es tiempo de hacer un alto y volver la vista al cielo.

Tenemos poco tiempo para acercarnos a Dios. ¿Qué estamos esperando?

miércoles, junio 12, 2019

¿Dónde Está Tu Dios?


Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: “¿Dónde está tu Dios?” (Salmos 42:3).

Desafortunadamente la vida no siempre es color de rosa. Ciertamente tenemos muchas oportunidades para ser felices y debemos dar gracias a Dios por ellas. Pero también existen los momentos de dolor. Aquellos en los que no podemos sino llorar. Aún si usted se considera un hombre duro, las lágrimas, con mayor o menor humedad, se desbordan en ciertas situaciones: la traición (o así lo parece) de un amigo, la soledad en un día festivo, la sensación de peligro en una situación de incertidumbre, el sentir que hemos fallado en cierta misión familiar o laboral, el pensar que hemos decepcionado a alguien, incluso a nosotros mismos, el temor de que el futuro es incierto y problemático, etc.

En esos momentos de pesar, podemos llegar al punto en que, como dice el salmista, las lágrimas son el pan de día y de noche, implicando que ni siquiera existe el deseo de comer. Y, por si fuera poco, la gente a nuestro alrededor, en vez de verter palabras de consuelo, aprovechan para hacer mofa de nuestra creencia. “¿Dónde está tu Dios?,” “No dices que tu Dios es todopoderoso, ¿por qué no te ayuda?,” “¿Está de vacaciones? ¿Dónde está tu Dios?”

Pero la gente que se mofa ni siquiera es original. Durante la crucifixión de Jesús, la gente decía algo similar: “—Salvó a otros —decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! ¡Y es el Rey de Israel! Que baje ahora de la cruz, y así creeremos en él. Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”?”
Si se lo decían a Jesús, ¿qué podemos esperar nosotros?

Sin duda tendremos nuestros momentos de angustia, en esta vida es inevitable, pero, así como Jesús se puso en las manos de Dios y aceptó su voluntad, nosotros debemos confiar también en Él.

Veamos cómo termina el Salmo 42:

“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (Salmo 42:11).

Luego de desahogarnos, recordemos este versículo, limpiemos las lágrimas y enfrentemos al mundo.

viernes, marzo 22, 2019

Domar

No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento, y cuyo brío hay que domar con brida y freno, para acercarlos a ti (Salmos 32:9).

En la ciudad quizás no conocemos mucho sobre caballos. Pero tal vez usted haya visto películas y videos de caballos salvajes, no domados. Son bestias fuertes, veloces e independientes. Ciertamente se pueden domar, pero como dice el versículo se requiere brida y freno, además de esfuerzo, paciencia e incluso látigo. Sí, látigo. Si un caballo persiste en no dejarse domar, debe ser sujeto a castigo. El suficiente para ser quebrantado sin lastimar su capacidad física.

¿Qué podemos aprender entonces del Salmo 32? Que no debemos ser como animales tercos en relación con la confesión de nuestros pecados. David, el autor del Salmo, habla por experiencia propia. Cometió un pecado y trató de ignorarlo. No pudo. Ni siquiera porque él era el rey. Nadie lo iba a condenar o meter a la cárcel. Todos cuantos se enteraron del asesinato de Urías, a maquinación de David, voltearon el rostro a otro lado. Pero la condenación que David sintió no fue la humana.

Veamos lo que dice el Salmo: “Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí” (Salmos 32:3-4). La culpa del pecado es pesada. Sobre todo, ante Él.

No fue el mejor tiempo para David y nosotros debemos aprender de ello. No seamos tercos para confesar nuestros pecados. Solo nos acarrearemos tiempos de miseria. En cambio, confesemos nuestras culpas y ¿sabe qué? Hay garantía de perdón. Veamos cómo continúa el Salmo 32: “Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado” (Salmos 32:5).

No seamos necios intentando esconder nuestros pecados de Dios. No se puede. Además, Él ya los cubrió con la sangre de Cristo en la cruz. Ciertamente no escaparemos las consecuencias de nuestras faltas, pero viviremos el perdón de Dios y nuestros huesos “no se consumirán por el gemir de todo el día.” Haga una cita para confesar sus pecados HOY con Dios.

viernes, marzo 15, 2019

Desviación

Pero tú les advertirás que así dice el Señor: “Cuando los hombres caen, ¿acaso no se levantan? Cuando uno se desvía, ¿acaso no vuelve al camino? ¿Por qué entonces este pueblo se ha desviado? ¿Por qué persiste en su apostasía? Se aferran al engaño, y no quieren volver a mí” (Jeremías 8:4-5).

¿Alguna vez salió de viaje o buscó una nueva dirección en un rumbo desconocido y tomó el camino equivocado? Sin duda tuvo que regresar hasta retomar el camino correcto ¿verdad? Algunos jóvenes dirán que hoy en día con Google Maps es difícil perderse y tendrán razón, pero aun así el mensaje de Jeremías, que se dio antes de Google, tiene sentido. En el camino de la vida la "vocecita" en el celular que nos da instrucciones sería el equivalente a escuchar al Espíritu Santo dirigiéndonos al destino perfecto: el cielo.

¿Cuál es el problema entonces? El mismo que destacó Dios a través del profeta Jeremías. Escuchemos de nuevo pensando en que estamos detrás del volante buscando una dirección: ¿Por qué entonces este pueblo se ha desviado? ¿Por qué persiste en su apostasía? Se aferran al engaño, y no quieren volver a mí. Si usted estuviera observando al conductor, ¿qué diría? Algo semejante a: “Pero ¡qué necio! Lleva el rumbo equivocado y se niega a rectificar y regresar al camino.” ¿Verdad?

¿Cómo aplica a nuestras vidas? Muchas veces dejamos de escuchar a nuestro Google celestial y nos desviamos del camino y caemos en el pecado. A todos nos ha ocurrido alguna vez y es por ello por lo que Jeremías escribió: Cuando uno se desvía, ¿acaso no vuelve al camino? Dios lo entiende y en su misericordia nos perdona y nos permite regresar a la ruta correcta. ¿Pero qué puede hacer Dios con los que se niegan? ¿Con quienes prefieren quedarse varados en la desviación? ¿Desesperarse y enojarse?

¡Cuidado! Extraviarnos rumbo al aeropuerto puede significar perder nuestro vuelo. Leamos cómo termina el capítulo 8 de Jeremías: Pasó la cosecha, se acabó el verano, y nosotros no hemos sido salvados. Perder un vuelo no es tan grave, perder nuestro destino eterno, lo es. ¡No seamos necios y en caso de desviación, regresemos al Camino!

jueves, febrero 07, 2019

¿Está Usted Embarazado?

Miren al preñado de maldad: concibió iniquidad y parirá mentira. Cavó una fosa y la ahondó, y en esa misma fosa caerá. Su iniquidad se volverá contra él; su violencia recaerá sobre su cabeza (Salmos 7:14-16).

¿Qué diría si una mujer le dijera que no sabía que estaba embarazada sino hasta el momento del parto? Difícilmente le creeríamos, ¿verdad? Y, aún si resultara cierto (no sé, tal vez una mujer de cierta corpulencia en la cual el volumen del embarazo pudiera pasar desapercibido…), coincidiríamos en que sería un caso extrañamente peculiar e irrepetible de una mujer apartada de la realidad.

En la misma medida, costaría trabajo creer que una persona se encuentre con el pecado por accidente. El Salmo 7 dice que quien hace maldad, estuvo preñado por cierto tiempo con ella. El pecado no nos encuentra por accidente. Nace con una pequeña semilla en nuestra mente y es alimentado para crecer, crecer, hasta que está suficientemente maduro para nacer.

Mentiras, borracheras, hurtos, fraudes, engaños, adulterio, fornicación, pornografía, etc. Todos maduraron antes de ver la luz. “Es que vi el billete de $500 y se me hizo fácil,” “Es que él/ella se me acercó demasiado y…,” “Es que hace mucho no lo veía y decidimos celebrar,” Son excusas para sentirnos menos culpables por el pecado. Para argumentar que no somos malos, sino que el pecado “nos encontró.”

Un ministro dijo cierta vez: “Cuando una mujer me hace plática estando yo solo en el aeropuerto, me empiezo a frotar las manos. No para anticipar iniquidad, sino para que mi anillo de casado quede perfectamente a la vista.” Igual que él debemos tener un plan para las tentaciones que más nos afectan: Cambiar inmediatamente de canal, alejarse con un “disculpa, pero me acordé que debo hacer algo…,” tener firmeza y confianza en Dios para enfrentar las consecuencias de decir la verdad, por difícil que parezca, etc. ¿Cuál es su tentación más grande? ¿Ya tiene su plan D (de Dios) para enfrentarla si se le presenta mañana?

Miren al preñado de maldad: concibió iniquidad y parirá mentira, dice el Salmo 7:14, pero los cristianos debemos estar preñados de la Verdad.

viernes, enero 25, 2019

Nuevo Corazón


Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne (Ezequiel 36:26).

Al escuchar cómo un joven competidor de videojuegos, al perder, sacó una pistola, disparó a la muchedumbre matando a dos personas y al final se suicidó, uno no puede sino considerar que hay cierta falta de sensibilidad entre nuestros jóvenes. Fácil sería culpar a los videojuegos del incremento de la violencia, o a la facilidad para obtener armas, o a la falta de supervisión de los adultos, etc., pero lo cierto es que los corazones de piedra abundan.

¿Y cómo se han multiplicado los corazones de piedra? Por tener en el olvido a Dios. Si leemos todo el capítulo 36 de Ezequiel, podemos darnos cuenta de que el profeta está advirtiendo al pueblo judío que no se aleje de Dios. Un trabajo muy difícil en ese entonces, el de profeta. Ezequiel y Jeremías, entre otros, pregonaban a la gente que regresaran a Dios. La gente de ese entonces los ignoraba y hasta los maltrataba.

Si viviera Ezequiel hoy en día, ¿qué diría? Tal vez el mismo mensaje, sólo cambiando los detalles específicos: “Regresen a Dios, apaguen la televisión y la consola de videojuegos para meditar en su Palabra…” O algo parecido. ¿Hasta dónde tiene la juventud de hoy enterrado a Dios que por perder un juego (supuestamente algo para divertirse), un joven decide matar a sus compañeros y suicidarse?

Los videojuegos, las películas, las series de televisión, etc., son actividades de entretenimiento y relajamiento, pero si alguien se obsesiona con ello, se está saliendo de lo sano y deseable. Nuestra prioridad debería ser Dios y su Palabra. Si contagiamos esto, Dios promete que el corazón de piedra será cambiado por uno de carne. Pregonemos eso.

jueves, enero 17, 2019

¡Anímense unos a otros!

Más bien, mientras dure ese “hoy”, anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado (Hebreos 3:13).

Los cristianos aceptaron a Jesús como Señor y Salvador y lo hicieron arrepintiéndose de sus pecados. (¿Recuerda su conversión?). Eso está muy bien. ¡Felicidades! Pero debemos recordar que mientras estemos en este mundo, aún estaremos expuestos a la tentación del pecado. Algunos de nosotros tenemos nuestras luchas para no mentir, otros para no emborracharnos, no drogarnos, no robar, no caer en tentaciones sexuales de fornicación, adulterio o pornografía, no blasfemar, etc.

De ahí la cita de Hebreos 3:13 “Anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado.” Suena bien, pero debemos ponerla en práctica. El ánimo no va a llegar solito. Se requieren los unos y los otros, o sea, todos. ¿Y cómo podemos hacerlo? Hoy en día, con tantos medios de comunicación, podemos usar la mensajería digital, el correo electrónico, las llamadas de voz, el enlace por video, incluso... las redes sociales.

Algo que debe quedar claro es que la comunicación debe ser personal. Si alguien recibe una tarjeta de ánimo que circula y circula por redes sociales, estará de acuerdo conmigo, que no impresionará mayormente. En cambio, si alguien recibe un mensaje PERSONAL, con nombre y con detalles que sólo ciertas personas pueden saber, la impresión será mayúscula y se estará cumpliendo el “Anímense unos a otros” del versículo.

Además, notemos que Hebreos 3:13 recalca “Hoy.” No diga: “Algún día que tenga tiempo lo haré,” “Mañana llamo a Pedro/Juanita,” y argumentos similares. Mañana tal vez sea tarde. Hoy alguien necesita un abrazo. Si no puede ser físico, mandemos un mensaje personalizado para dejarle ver a esa persona que nos importa.

Ese es el punto. Mensajes reciclados delatan que alguien sólo desea cumplir una tarea con poco esfuerzo. Mensajes personalizados, ofrecen significado a la persona. Entiendo que tenemos una lista de contactos muy larga y que no se puede cubrir completa a diario. Pero, qué tal si cada día se propone animar a una persona, aquella a quien Dios le impresione durante su devocional. Si muchos hacemos lo mismo, la iglesia completa estará animada. ¡Inténtelo!

viernes, diciembre 14, 2018

Cimiento Firme


Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida… (Lucas 6:47-48).

No se necesita tener mucho conocimiento de ingeniería civil para entender que, teniendo un cimiento firme en la roca, las construcciones resisten tormentas violentas sin derrumbarse. Tampoco se necesita alto grado de conocimiento teológico para entender que la roca, en la metáfora de Lucas 6:47-48, es Jesucristo.

Entonces la aplicación a la vida diaria es evidente: pongamos nuestros cimientos en Jesús y no importa el tipo de conflicto o crisis que sea arrojada en nuestra dirección, saldremos adelante, estaremos cubiertos y protegidos. Como dice el inicio del fragmento (habla Jesús): “Todo el que viene a mí…”

Ahora bien, notemos con cuidado que existe una pequeña condición. “Se parece al hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca.” (Énfasis propio). ¿Estamos conscientes de la expresión resaltada? “Cavó bien hondo.” Tal vez ahí fallamos. Entendemos que debemos cimentar nuestras vidas sobre la roca, pero lo hacemos superficialmente.

¿Cómo? Pues sólo dedicando el tiempo del servicio dominical a Dios, si es que no está aburrida el mensaje, en cuyo caso el celular nos salva del sueño profundo. Tal vez dar gracias durante las comidas, si es que hay hermanos observando. Cuando mucho leyendo un pasaje de la Biblia durante la semana, si no hay series interesantes en Netflix, o eventos deportivos relevantes. Eso no es cavar hondo.

Cavar hondo es escarbar y escarbar, tan profundamente que para salir del agujero necesitemos una escalera. ¿Puede imaginarse a una persona en tal situación? ¿Llena de tierra y arena, con ampollas en las manos, con raspones por los roces con las piedras? Ahora proyectemos la imagen a cavar hondo en la Palabra: cuadernos llenos de notas, libros abiertos: Biblia, diccionario, enciclopedia, comentarios, plumones de resaltado, colores para subrayar y demás. No importa si usted es físico o digital. Hoy en día los recursos existen en ambas dimensiones. Cavar hondo también es reflexión y oración. Hablar y escuchar. Oído atento a lo que Jesús nos quiere decir.

¿Queremos cimiento firme? La clave está en “cavar hondo.”

viernes, noviembre 23, 2018

Condicional


Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado! Si ustedes oyen hoy su voz… (Salmos 95:7).

A veces escuchamos que el amor de Dios es incondicional. Cierto. Dios nos ama sin que lo merezcamos ni podamos hacer algo para ganarlo. Así es la salvación. Jesús cumplió con el último sacrificio y nos entregó en bandeja la vida eterna. Pero… tenemos que aceptarla. Ahí está la condición. Ciertamente no podemos ganar la salvación con nuestro esfuerzo, pero tenemos que reconocer a Jesús como Señor de nuestras vidas. La condición es dar el sí a Jesús. No es muy difícil… ¿O sí?

Cuando vemos que mucha gente no recibe la salvación, pareciera que es una condición difícil de aceptar. Sin duda muchos piensan que ese SÍ los conducirá a una vida complicada, llena de limitantes y prohibiciones. Es triste que no estén dispuestos a experimentar las maravillas de la vida con Cristo, pero sólo podemos orar para que algún día lo entiendan.

Regresando al aspecto de las condiciones, observamos otra en Salmos 95:7. Dice que somos un rebaño bajo su cuidado… si es que escuchamos su voz. Por supuesto que un pastor cuida a sus ovejas, pero necesita ser escuchado. El pastor sabe de los riesgos en los campos y bosques cercanos y conduce a las ovejas. Si las ovejas no escuchan su voz y se van a donde sea, pueden caer víctimas de algún lobo, en un pantano, en un río de aguas turbulentas, etc.

Parece clara la aplicación a nuestra vida diaria. ¿Deseamos evitar problemas, conflictos, caos, catástrofes…? ¿Esa crisis económica? ¿Ese pleito familiar? ¡Escuchemos su voz! Así de simple.

¿Y cómo podemos escuchar su voz si no nos conectamos con Él a través de la oración y la lectura de la Biblia? Es una condición, pero no solo no es difícil, sino reconfortante si la ponemos en marcha. ¿Qué espera para hacerlo? Somos el pueblo de su prado…

viernes, noviembre 16, 2018

Examen


El Señor examina a justos y a malvados, y aborrece a los que aman la violencia (Salmos 11:5).

¿Por qué si el Señor es misericordioso y todo amor, nos examina? ¡Examen! ¿Acaso el examen no es un instrumento diabólico creado por los maestros para torturar a los estudiantes? ¿Y si reprobamos? ¿Nos vamos al infierno? ¿Por qué tenemos que ser examinados? ¿No dicen acaso que la salvación no es por méritos? Entonces… ¿por qué un examen? ¡Examen! ¿Examen?

Comencemos por entender que el examen no es una guillotina que acaba con la vida del estudiante, sino un instrumento que permite distinguir a aquellos que están listos para conocimientos más profundos y avanzados, de aquellos que no han comprendido elementos indispensables para poder seguir aprendiendo.

Imaginemos que la profesión (la que sea) es una torre construida con legos. Cada materia es un bloque que permite seguir apilando uno sobre otro para alcanzar cierta altura. Si alguien falla en uno de los bloques, la torre comenzará a tambalearse y a correr el riesgo de derrumbarse. No importa si la falla fue por no comprender, no estudiar, o incluso, por copiar. Un bloque en mal estado, deja la torre debilitada.

Es lo que busca Dios al examinarnos. No si somos merecedores de la salvación, porque esa es por gracia, sino si somos confiables para que Él nos use en sus planes. Consideremos a un director técnico planeando a quién va a utilizar para el siguiente, importante, partido. ¿Va a alinear a aquellos que no pasaron los exámenes físicos, de acondicionamiento, de técnica? ¿O a los mejores, los que siempre se levantan rápido luego de una caída, los que juegan limpio, los que entrenaron su técnica sin descanso, los confiables? Yo no sé usted, pero yo pondría a los mejores. Y… ¿cómo voy a distinguir a los mejores si no los examino antes? ¿Si no sé cómo van a reaccionar ante cierta circunstancia?

¿Recuerda a José? Pasó por muchas pruebas, durante muchos años, antes de que sus sueños se volvieran realidad. Las pruebas no fueron para ver si los sueños se realizaban o no, sino para ver si José era digno de los mismos.

La próxima vez que enfrentemos un examen, no lo veamos como una carga o un problema, sino como una oportunidad de pertenecer a la mejor selección… la de Él.

viernes, noviembre 02, 2018

No Solo de Pan

Jesús le respondió: Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” … (Mateo 4:4).

Seguramente recuerda esta cita. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para que el diablo lo tentara. Nótese que no fue el diablo quien lo llevó, fue Dios el que permitió la tentación. Tome nota para cuando enfrente alguna. Jesús pasó ayunando 40 días (con sus noches incluidas, se hace la aclaración en Mateo) y por supuesto que tuvo hambre. La tentación no fue el hambre, el hambre es una necesidad corporal. La tentación fue usar un poder que no va con la naturaleza humana: “convertir piedras en pan.” Y ya encarrerados con ese poder, ¿por qué limitarse en pan? Aunque no quedó registrado, tal vez el diablo también sugirió convertir unas ramas secas en espagueti y el cadáver de alguna lagartija en carnita asada sonorense. Jesús, a pesar de estar hambriento, no cedió a la tentación.

Y no solo eso, sino que utilizó la oportunidad para expresar una de las más famosas frases: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” En ella expresó el poder del espíritu. Si nuestro espíritu está alimentado, tendremos fuerza de voluntad. Un espíritu satisfecho, enfrenta adversidades. Un espíritu lleno de energía es capaz de oponerse al diablo. ¡Qué gran lección!

Sin embargo, muchos de nosotros ponemos a dieta el espíritu. El versículo dice claramente que debemos alimentar el espíritu con la palabra de Dios. Leer la Biblia pues. Al cuerpo no se nos olvida alimentarlo, incluso hasta llegar al sobrepeso, pero nuestro espíritu está en los huesos.

En la cita a la que estamos haciendo referencia, fue el diablo el que tentó sin éxito a Jesús. ¿No cree que el diablo también aprendió una lección de ese episodio? “El que alimenta bien su espíritu no cae en tentaciones.” Y… ¿qué cree que intenta hoy en día? ¡Acertó! Ponerle trabas en el camino para que no abra su Biblia: ocupaciones, distracciones, chismes, entretenimiento, etc. Tal vez esté feliz por la aparición de las redes sociales. Solitos nos distraemos con ellas abriendo el Facebook o el WhatsApp antes que la Biblia (aunque esta también esté en nuestro celular) y el diablo puede irse a tomar un café (o lo que beban allá abajo). No tiene que preocuparse en distraernos.

No me malentienda. No estoy diciendo que las redes sociales sean diabólicas. Tienen su razón de ser y su utilidad. Lo único diabólico es no dedicarle nada de nuestro tiempo diario a nuestro Dios. Ignorar su Palabra y matar de hambre a nuestro espíritu. Pero el remedio es sencillo: Propóngase dedicar un tiempo cada día a la lectura y reflexión de la Biblia y no permita distracciones, así tenga que hacer algo tan radical como… ¡apagar el celular!

viernes, octubre 26, 2018

Esperanza

Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? (Romanos 8:24).

¿Recuerda cuando era niño y se acercaba la Navidad? Llevábamos en la mente una cuenta regresiva de los días que faltaban y nos frotábamos las manos en espera de esos juguetes tan anhelados. Según la cultura, algunos niños igual esperan con ansia la llegada de los Reyes Magos. ¿Nos cuesta trabajo regresar tanto en el tiempo como para identificarnos con esas emociones (al menos es el caso de los que andamos bordando los sesentas)? No importa. El punto es que también hubo eventos importantes durante nuestras vidas que esperamos con emoción: la fiesta de graduación de la preparatoria o universidad, la boda, el nacimiento de un hijo, las vacaciones, visitas familiares, y un largo etcétera. ¿Recuerda la emoción de la espera?

Si eso sentíamos al esperar situaciones mundanas, ¿cuánto más debemos sentirnos entusiasmados por la vida eterna? Romanos 8:24 dice que por esa esperanza fuimos salvados. Aceptamos a Jesús porque deseamos una vida nueva. No solo la eterna, que ya sería suficiente de por sí, sino también la vida terrenal se renueva cuando le permitimos a Jesús guiarnos en medio del caos en que habíamos tornado nuestras vidas.

No podemos librarnos tan fácil de todos los errores que cometemos o que cometimos y que continúan agobiándonos, pero ahora, gracias a Jesús, tenemos ESPERANZA. Y la esperanza es una promesa. La promesa de una vida mejor y de una vida eterna.

A veces nos desesperamos porque deseamos las cosas ¡YA!, pero ¿Quién espera lo que ya tiene? A diferencia de los niños que pueden contar los días que faltan para Navidad, nosotros no sabemos la fecha en que vamos a recibir lo anhelado. Y sin embargo tenemos la promesa y debemos saborear esa promesa y alegrarnos de estar en dicha situación. Porque la alternativa es no tener ninguna promesa, no tener esperanza alguna. Y eso, tengamos la seguridad, es triste. Así que: ¡Disfrute la Esperanza!

viernes, octubre 19, 2018

Bendecir

No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición (1 Pedro 3:9).

Si usted asiste a la iglesia los domingos, lo cual parece altamente probable si está leyendo esta reflexión, estará de acuerdo conmigo que ahí es fácil soltar las bendiciones. Llegamos, saludamos a otro congregante y decimos: “Dios le bendiga” o “Dios te bendice” dependiendo del grado de confianza que tengamos. Lo cual es excelente: bendecir con prodigalidad, efusividad y convencimiento a quien se tomó el tiempo de asistir a la iglesia. Sígalo haciendo sin dudar.

El problema que tenemos es en nuestro día a día. Sobre todo, cuando tenemos conflictos con algunas personas, cuando tenemos incidentes de tránsito, cuando las mascotas ajenas nos visitan y se portan mal, cuando un superior en el trabajo abusa, cuando contratamos a alguien que tira la flojera o nos da un pésimo servicio, cuando un familiar se aprovecha de nuestro carácter cristiano, y un largo etcétera. En pocas palabras, como dice la cita bíblica, cuando nos dan mal o nos insultan con hechos o palabras. En esos casos, bendecir es lo más alejado de nuestras mentes y voluntad.

Nuestro instinto clama por venganza, enojo, rabia y por contestar, aumentados, los insultos y el mal accionar. Así es la naturaleza humana. Y sin embargo…

Pedro dice que debemos bendecir. No como repetición de dientes para afuera, sino porque es NUESTRO LLAMADO. Nuestro trabajo, labor, o misión como cristianos. Como si Dios nos hubiera contratado y al describirnos el puesto dijera: “Ok. Desde hoy trabajan para el reino. Su primera actividad será: BENDECIR. A todos, en todo momento y en todo lugar. Bendigan a más no poder. ¿Está claro?”

Y si lo hacemos, el premio está descrito: heredaremos bendición. Aunque no lo dice con esas palabras la cita, como que queda entendido que si bendecimos heredamos bendición y si maldecimos, pues heredaremos… maldición. ¿Qué recibiremos si insultamos, hacemos mal, agredimos, violentamos, acosamos, etc.? Sin duda adivinó.

¿Qué estamos esperando? Fuimos llamados a BENDECIR.